“El nivel observado de Tenacibaculosis en la salmonicultura es, sin duda, preocupante”
En menos de una década, la enfermedad se ha posicionado como la segunda causa de mortalidad en la industria, en las tres especies, alerta el Dr. Ruben Avendaño-Herrera.
De acuerdo con el último reporte de Sernapesca, la Tenacibaculosis aumentó como causa de mortalidad, en todas las especies de salmón chileno durante el 2025. El Dr. Ruben Avendaño-Herrera, investigador del Centro Incar y de la Universidad Andrés Bello, entrega su visión de este tema en entrevista con Salmonexpert.
¿Por qué la Tenacibaculosis, como causa de mortalidad, aumentó en todas las especies de salmón?
La tenacibaculosis se está transformando en un problema de carácter global en el cultivo de peces marinos y, de manera más específica, en la salmonicultura. Esta situación ha sido reconocida por organismos internacionales como la OMSA, que solicitó a STAR-IDAZ una consulta global sobre prioridades de investigación en peces marinos. En dicha instancia, los participantes posicionaron a Tenacibaculum spp. dentro de las cinco enfermedades más relevantes, y como la segunda de origen bacteriano, después de Vibrio.
Una de las principales causas de esta emergencia radica en los propios agentes etiológicos, los cuales presentan una alta capacidad de adaptación al ambiente acuático y a un amplio rango de variables ambientales. Resulta especialmente destacable el aumento de casos en salmón coho, especie que tradicionalmente ha sido considerada menos susceptible a enfermedades, lo que refuerza la magnitud y complejidad del problema actual.
¿El nivel mostrado por la enfermedad es preocupante o está controlado?
El nivel observado de la enfermedad es, sin duda, preocupante. En menos de una década, la tenacibaculosis se ha posicionado como la segunda causa de mortalidad, de acuerdo con la información reportada por los propios productores. En este contexto, la discusión no debiera centrarse en si se trata de un patógeno primario o secundario, sino en su capacidad real de provocar infección y mortalidad en peces cultivados. En consecuencia, al igual que ocurre con P. salmonis y otros agentes incluidos en la Lista 2 de Enfermedades de Alto Riesgo, tanto la autoridad como los productores deberían considerar la posibilidad de reclasificar la tenacibaculosis desde la Lista 2 a la Lista 3. Esto permitiría priorizar su monitoreo, así como fortalecer la generación de conocimiento y el desarrollo de estrategias preventivas y de control, idealmente alternativas al uso de antibióticos. Actualmente, a diferencia de lo que ocurre con P. salmonis, no existe un programa que vincule el aumento de mortalidad con consecuencias productivas, como restricciones en la siembra en el ciclo siguiente.
En la práctica, esto implica que la atribución de mortalidad a Tenacibaculum spp. no conlleva mayores implicancias, más allá de las pérdidas directas y su registro en los informes. Esto puede generar la percepción de que no se trata de un problema relevante, e incluso, en algunos casos, su reporte podría sustituir al de P. salmonis. Esta situación resulta especialmente importante de abordar y resolver.
Por otra parte, no se debe perder de vista una preocupación creciente en los últimos años: la co-infección o co-ocurrencia. Aunque a veces se utilizan como sinónimos, corresponden a conceptos distintos. En este sentido, estudios que estamos desarrollando en el marco del proyecto FONDECYT Regular N° 1230068 han permitido evidenciar el potencial patogénico asociado a infecciones en las que participan múltiples especies o variantes de Tenacibaculum.
¿Qué soluciones debieran aplicarse para controlar esta enfermedad? ¿Cuáles son los principales desafíos?
Una de las primeras medidas que debiera incentivarse es la producción de autovacunas. La experiencia internacional ha demostrado que estas protegen eficazmente a los peces frente a la infección; sin embargo, los plazos para su autorización suelen extenderse hasta 9 meses, lo que desincentiva su uso por parte de los productores.
Asimismo, la incorporación de productos funcionales en la dieta que refuercen las propiedades de las mucosas representa una estrategia preventiva adecuada, ya que contribuye a evitar la colonización e infección por bacterias de este grupo.
En cuanto al control, es decir, una vez que los peces ya manifiestan signos clínicos de tenacibaculosis, actualmente el uso de florfenicol se considera la principal alternativa terapéutica. No obstante, estudios tanto de laboratorio como de campo han demostrado que la Tiamulina podría constituir una opción más eficaz. Adicionalmente, nos encontramos evaluando y validando el potencial de compuestos derivados de distintas plantas como alternativas de control, con resultados muy promisorios que resultan alentadores.
Sin embargo, más allá de las herramientas disponibles, uno de los mayores desafíos sigue siendo la articulación entre los distintos actores del sector. Es fundamental generar instancias de diálogo en confianza, entre organismos reguladores, productores y la academia, que permitan abordar el problema con una mirada de futuro y construir soluciones conjuntas. Experiencias previas han demostrado que la negación del problema retrasa significativamente los avances. De haberse reconocido oportunamente su relevancia, en distintos Comités realizados previamente, probablemente hoy existiría un mayor nivel de conocimiento y más alternativas de solución. En esta línea, hemos trabajado activamente en la generación de conocimiento que ha sido valorado a nivel internacional; sin embargo, en Chile su transferencia hacia soluciones concretas ha sido más lenta.
Al igual que ocurre con P. salmonis y otros agentes incluidos en la Lista 2 de Enfermedades de Alto Riesgo, tanto la autoridad como los productores deberían considerar la posibilidad de reclasificar la tenacibaculosis desde la Lista 2 a la Lista 3"
Otro desafío relevante radica en la complejidad etiológica de la tenacibaculosis, ya que no es causada por una única bacteria, sino por diversas especies del género Tenacibaculum. Por ello, resulta clave avanzar hacia diagnósticos más precisos que permitan identificar la causa específica de la mortalidad. Si bien hemos identificado dos especies dominantes, en el caso de T. dicentrarchi existe una alta heterogeneidad, lo que refuerza la necesidad de un diagnóstico a nivel de especie y no solo una clasificación general como tenacibaculosis.
¿Falta una solución más sostenible para la Tenacibaculosis, considerando que aumentó el uso de antibióticos, en el 2025?
Respecto al uso de antibióticos en 2025, las alternativas terapéuticas están prácticamente monopolizadas por el florfenicol, existiendo estudios de susceptibilidad en laboratorio para T. dicentrarchi. Sin embargo, existe un vacío importante de información sobre la respuesta de otras especies de Tenacibaculum, distintas de T. dicentrarchi.
En este último caso, contamos con antecedentes sólidos, incluyendo una publicación científica en la que se proponen condiciones óptimas para la realización de estudios de susceptibilidad a antimicrobianos. Se espera que estos avances puedan ser considerados en futuras actualizaciones de las guías de la CLSI, entidad responsable de orientar este tipo de evaluaciones.
¿Cómo van los avances para una nueva vacuna contra la enfermedad?
El año pasado finalizamos los estudios de una vacuna piloto tipo bacterina, obteniendo resultados alentadores, especialmente considerando que el desafío experimental se realizó con una carga bacteriana significativamente mayor a la utilizada habitualmente. En este contexto, tenemos altas expectativas respecto a su potencial, y es posible que el porcentaje relativo de supervivencia aumente bajo condiciones más estándar. No obstante, para avanzar hacia etapas posteriores, es fundamental contar con el interés de alguna empresa farmacéutica.
Adicionalmente, disponemos de un amplio conocimiento sobre los distintos agentes causantes de la tenacibaculosis, así como de aislados bacterianos caracterizados. Sin embargo, se requiere un mayor involucramiento del sector privado, junto con un rol activo del regulador que priorice estrategias preventivas, como el uso de autovacunas, por sobre el control basado en antibióticos una vez que la infección ya está establecida.
Las capacidades científico-técnicas existen en el país; el desafío radica en generar las confianzas necesarias y avanzar de manera conjunta hacia la mitigación de los impactos de la tenacibaculosis, una enfermedad presente desde hace más de dos décadas y que sólo recientemente ha comenzado a recibir la atención que requiere.