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Cuatro salmonicultores cuentan cómo el bienestar animal se transformó en el eje de su operación

Foto: Invermar.

Empresas salmonicultoras integran tecnología, monitoreo y capacitación para anticipar riesgos y fortalecer el bienestar animal, consolidándolo como un componente clave en la sostenibilidad y eficiencia del cultivo.

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En la salmonicultura chilena, el bienestar animal ha evolucionado desde un enfoque centrado en el control sanitario hacia un modelo integral que articula tecnología, gestión y cultura organizacional. Actualmente, las empresas han comenzado a incorporar el estado biológico del pez como un indicador clave de desempeño productivo, eficiencia ambiental y calidad final, en un contexto donde los mercados y las certificaciones internacionales elevan sus exigencias. Este cambio ha impulsado una transición desde esquemas reactivos hacia modelos preventivos, donde la anticipación de riesgos y la toma de decisiones basada en datos se vuelven elementos estructurales del sistema productivo.

En ese escenario, el bienestar animal ya no se entiende únicamente como un requisito normativo, sino como un componente estratégico que atraviesa todas las etapas del ciclo productivo, desde agua dulce hasta la cosecha. Así, la integración de monitoreo continuo, indicadores operacionales, capacitación técnica y estandarización de procesos ha permitido avanzar hacia sistemas más robustos y trazables, donde la salud del pez se vincula directamente con la sostenibilidad del negocio. Este enfoque ha sido adoptado progresivamente por distintas compañías del sector, cada una con énfasis particulares, pero con una convergencia clara hacia la gestión preventiva.

En el caso de Invermar, la compañía ha desarrollado un modelo basado en Acuicultura de Precisión, donde la analítica de datos y la automatización cumplen un rol central en la toma de decisiones. Según explicó Christian Correa, subgerente de Salud, “esta transformación constituye el pilar de nuestra estrategia de sostenibilidad, entendiendo que la salud animal es indivisible de la eficiencia ambiental y económica”, destacando además el uso de sensores y sistemas de monitoreo que permiten anticipar desviaciones antes de que se manifiesten clínicamente. Este enfoque ha significado un cambio desde una lógica reactiva hacia una gestión proactiva, donde la intervención ocurre antes de que el pez enfrente un compromiso sistémico.

Por su parte, en Ventisqueros el foco ha estado puesto en la estructuración de un Sistema de Gestión de Bienestar Animal que abarca de manera transversal todo el ciclo productivo. Como señaló Carlos García, subgerente de Certificaciones y Sistema de Gestión Integral, el objetivo es “definir lineamientos técnicos, dar seguimiento a los indicadores críticos y evaluar de forma continua las acciones implementadas”, incorporando además el trabajo de un comité especializado y el fortalecimiento de la cultura organizacional. En ese contexto, la compañía ha reforzado la capacitación en terreno y la estandarización de procesos, entendiendo que el bienestar debe ser una práctica integrada en todos los niveles de la organización.

En tanto, Cooke Aquaculture Chile ha implementado un enfoque basado en procedimientos y estándares que buscan reducir factores estresantes y asegurar condiciones adecuadas para los peces en todas las etapas del ciclo productivo. Eduardo Jara, gerente técnico de la compañía, explicó que el objetivo es “establecer acciones para reducir factores estresantes y definir condiciones estándar que cubran las necesidades básicas de los peces, garantizando su bienestar durante todo el ciclo productivo”, destacando además la aplicación de indicadores operacionales y el trabajo con contratistas para asegurar coherencia en toda la cadena. Este modelo se sustenta en estándares internacionales y en la incorporación del concepto de bienestar como un eje transversal de gestión.

Finalmente, desde Blumar destacan un enfoque centrado en la prevención y el monitoreo continuo, apoyado en tecnologías como sensores ambientales, alimentación automatizada y visión artificial. Según explicaron desde la empresa, “los datos permiten identificar cambios tempranos en el ambiente o en la conducta, activar alertas y ajustar decisiones operacionales”, lo que permite intervenir oportunamente y evitar impactos mayores en la salud de los peces. A ello se suma la expansión de la alimentación remota y la optimización de infraestructura, lo que contribuye a reducir la intervención directa y a generar condiciones de cultivo más estables, consolidando así una gestión basada en información objetiva y decisiones anticipadas.

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