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*Columna de opinión para Salmonexpert de Daniel Arriagada, director de I+D Moluscos Fundación Chile - AquaPacífico.

La misma de ayer, la incondicional (cualquier similitud con una canción popular es mera coincidencia). Me refiero a la almeja, siempre presente en las caletas, en la paila marina, en el mariscal, en el curanto. Se da por sentado que no va a faltar. Esa idea se ve respaldada porque constituye el molusco bivalvo no cultivado de mayor importancia económica en Chile, tanto por los volúmenes de extracción como por la cantidad de pescadores que dependen de ese noble producto del mar.

Sin embargo, tal como ha ocurrido con otros recursos, los bancos naturales han ido mermando sus poblaciones y la extracción sigue una curva descendente. Si en 2010 los desembarques superaban las 10 mil toneladas, para el 2018 se contabilizaban en poco más de 3.500, según datos de Sernapesca.

La alerta de esta continua baja llegó a Fundación Chile (FCh) hace unos ocho años. Era necesario repoblar un sector de la región de Los Lagos, cuya comunidad costera estaba afectada por la merma del recurso. Se inició la I+D, con el apoyo de Corfo, generando tecnología para la producción de semillas en hatchery y de cultivo en sistema suspendido, con la valiosa base de conocimiento ya adquirido desde los inicios de la acuicultura nacional, ahora aplicado a recursos endémicos. Una carrera que culminó con exitosos resultados en el Centro Acuícola Quillaipe de FCh, que luego fueron replicados en aguas de la Bahía de Tongoy, y que hoy permiten sostener que la almeja endémica (específicamente la especie Ameghinomya antiqua, ex Venus) representa una gran alternativa para diversificar los monocultivos de ostión en el norte y de mitílidos en el sur.

Pero la historia no culmina con un llamado a multiplicar los ejemplares, a partir de millones de semillas producidas el Centro Acuícola Tongoy (CAT) de Fundación Chile – AquaPacífico. El escalamiento propuesto va de la mano con la valorización del recurso a través de nuevos formatos de productos, como son las baby clams, almejas de talla pequeña (por lo tanto, restringidas para la pesca) que tienen variados usos en gastronomía, demandadas a nivel internacional para preparaciones como sopas y paellas.

El mismo camino que han trazado los salmones de producción nacional en su conquista de mercados externos es el que podrían seguir nuestras nobles e incondicionales almejas (ahora de cultivo), aprovechando la experiencia ganada y fortaleciendo el posicionamiento de nuestro país como oferente diverso de productos marinos de alta calidad, libres de la contaminación que afecta a los cultivos de otras latitudes.

Conservas y deshidratados, que hoy representan una baja proporción de los productos (si se considera la materia prima de almeja que llega a las plantas de proceso), tendrían una gran oportunidad en Europa, donde se les consume como alimento gourmet en restaurantes

Actualmente, Chile ocupa el séptimo lugar entre los países proveedores de almejas al Viejo Continente, con un 2,3% de participación, en un ranking que está liderado por Vietnam, con un 30% del volumen. No obstante, nuestro país es el proveedor más relevante desde el continente americano, lo que da una idea del potencial que tendría con una almeja de cultivo, que entrega la ventaja de un abastecimiento constante y producción de calidad estandarizada.

A la tarea de escalamiento que se realiza desde el CAT de FCh– AquaPacífico, se sumará el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CETA), con el objetivo de generar propuestas de valor basadas en la almeja de cultivo y expandir sus oportunidades, tanto en el mercado doméstico como en el exterior.

No es menor el componente de sustentabilidad ambiental que tiene esta nueva “fórmula” para el abastecimiento de la almeja, que va a permitir disminuir la presión que hay actualmente sobre los bancos naturales de la especie. Junto con ello, el componente social de esta ecuación, que aumenta las posibilidades de los pequeños cultivadores y de las comunidades costeras. Todos ganan con una almeja de cultivo.

La invitación a atreverse a ampliar sus posibilidades con la almeja que hemos hecho a ostioneros, en el norte, y a mitilicultores, en el sur, sin olvidar a los cultivadores de ostras en cualquiera de las dos zonas, es también una oportunidad de ser parte de lo que esperamos se convierta en un hito para la acuicultura nacional, con la incondicional almeja nativa iniciando un camino de diversificación en moluscos.