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Tendencias globales de la acuicultura: una retrospectiva de los últimos 20 años

Alejandro Buschmann, del Centro i-mar y CeBiB, Universidad de Los Lagos. Foto: ULagos.
Alejandro Buschmann, del Centro i-mar y CeBiB, Universidad de Los Lagos. Foto: ULagos.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Alejandro Buschmann, del Centro i-mar y CeBiB, Universidad de Los Lagos.

En los últimos dos años, un grupo de expertos en diferentes áreas de la acuicultura, comenzamos a analizar qué había pasado en los últimos 20 años, tras la publicación del estudio de Naylor y colaboradores en la revista Nature. Dicho trabajo tuvo alto impacto científico al identificar algunos puntos críticos para el desarrollo sustentable de esta actividad productiva.

Esta última nueva publicación, también en Nature, identifica nuevos aspectos sobre cómo la ciencia y tecnología han permitido el desarrollo de áreas claves para la sustentabilidad de esta actividad productiva emergente.  Al haber aumentado la importancia de la acuicultura en la alimentación del ser humano, esta revisión se hace pertinente y necesaria después de 20 años desde la primera publicación.

Es así como se constata que es la acuicultura de agua dulce y de pequeña escala, llevada a cabo principalmente en países orientales, la que alimenta a la mayor cantidad de seres humanos a nivel global. Por el contrario, la producción de peces carnívoros tales como salmonídeos y túnidos, tienen menor contribución como alimento para el ser humano.

También constata que, en estos últimos años, el número de especies usadas en prácticas de acuicultura de acuerdo con los reportes de FAO se aproxima a las 450 especies y hace sólo dos décadas atrás eran menos de 300, señalando que esta actividad está en pleno proceso de diversificación y expansión.

Otro resultado destacado en este trabajo es que durante los últimos 20 años la acuicultura de organismos extractivos con menor huella ecológica como moluscos filtradores y macroalgas marinas, han presentado las mayores tasas de crecimiento en el mundo. En particular, si vemos la realidad chilena, observamos que pese al aumento de la producción de mejillones, siguen siendo los salmones nuestro principal recurso marino cultivado. Por otro lado, en producción de algas, lamentablemente hemos retrocedido dado que hacia finales de la última década del siglo 20, producíamos más algas por acuicultura que hoy día. Estos organismos, a diferencia de los peces, no requieren incorporar alimento al ambiente y por ello el impacto que pueda generar en el ambiente son mucho menores. 

Estos temas tienen que ser discutidos y debemos mirar de forma mucho más integral el uso de nuestros ecosistemas marinos en un futuro próximo. Entre las algas, la especie que hoy tiene mayor producción es el alga parda conocida como wakame, altamente demandada como alimento en países como China, Japón y Corea y con un mercado en Occidente en expansión.

También en este trabajo se evidencia como uno de los avances más relevantes de la acuicultura a nivel mundial, el desarrollo científico y de nuevas tecnologías, que han permitido que los requerimientos alimenticios de los peces, dependan cada vez menos de otros peces, al ser reemplazados por compuestos proveniente de la agricultura y de recortes del procesamiento de salmones provenientes de plantas de proceso.  

Sin embargo, dado el aumento mundial de la demanda de peces y camarones por la acuicultura, la presión sobre la pesca sigue creciendo. Si nos detenemos sólo en la producción de salmonídeos, pese a la disminución de aceites de pescado como componente en dieta, que se reduce de un 15% al 5%, la producción de alimento para cultivo subió de 685 toneladas en el año 1997 a unas 4.300 toneladas el año 2017. Esto significa que hoy, para alimentar salmones en cultivo, tenemos un requerimiento por pesca 2,1 veces mayor que hace 20 años.

No obstante, el esfuerzo para reemplazar harinas y aceites de pescado ha sido un tremendo avance tecnológico, pero abre nuevas preguntas sobre la influencia que pueda ejercer la acuicultura sobre sistemas terrestres al usar agua y recursos para producir otras especies. Por ejemplo, ya existe una observación sobre la actividad salmonicultora de Noruega, por su relación con la deforestación de la Amazonía para obtención de suelo cultivable para soya.

Ya algunas industrias han respondido prohibiendo el uso de esta soya en el alimento para salmones. Estos aspectos requieren análisis y estudio dadas sus implicaciones ambientales relevantes, cruciales para el desarrollo de una industria económicamente destacada en nuestro país y que debe y tiene que seguir avanzando hacia prácticas más sustentables.