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Carlos Odebret, presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes. Foto: Asociación de Salmonicultores de Magallanes.
Carlos Odebret, presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes. Foto: Asociación de Salmonicultores de Magallanes.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Carlos Odebret, presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes.

Cuando un puñado de empresas concentran un porcentaje mayoritario del mercado tienen la obligación de establecer una estrategia para liderar: precios, servicio al cliente, i+d, etc. 

La empresa dominante será líder, y debería luchar con sus competidores quienes permanentemente querrán arrebatarle su posición. O al menos así debió haber pasado.

Los extractos de los mails que están presentes en el requerimiento interpuesto por la FNE por la presunta colusión ocurrida entre los años 2003 y 2015 en cuatro plantas de alimento de salmón son verdaderamente indignantes. En ellos no sólo se exponen los acuerdos para fijar los precios del alimento en las cotizaciones que entregaban a las salmonicultoras, sino que también un cuidadoso método para que el acuerdo se cumpla.

De confirmarse este cartel, seguramente las empresas serán sancionadas con las penas que define la ley, aplicándoles cuantiosas multas. Nuestro sistema funciona. Es así como en esta denuncia y otras que han pesado sobre nuestro sector veremos a las instituciones caminar sobre un sólido cuerpo normativo donde se presentarán las pruebas y los argumentos en favor de uno y otro lado y, un actor imparcial, definirá un fallo a la luz de antecedentes objetivos. 

Sin embargo, la pérdida de confianza tiene otra escala de evaluación. Tiene otro tipo de sanción, esa que es menos medible y que cala en el esfuerzo de la gran mayoria que en nuestra industria trabaja día a día cumpliendo a cabalidad la regulación.

La confianza es la apuesta que hacemos sobre que las acciones que otros emprenderán, estarán de acuerdo a nuestras expectativas, fundamentando nuestra apuesta en el comportamiento pasado. Esta apuesta, se rompe fácil y se recupera lento.

La confianza juega así, un papel fundamental en la construcción de capital social. Sin confianza, es todo incertidumbre. La pérdida de confianza es un terremoto grado 7 para una industria poco comprendida y que compite a nivel mundial. 

No es casualidad que las encuestas marquen mayoritariamente favorable a una nueva Constitución cuando la confianza en las instituciones políticas es prácticamente nula. Ante la desconfianza, los actores exigen reglas más estrictas y más control. Y no está mal, nos obliga a ser mejores y estar a la altura del primer mundo.

Hacia nuestra industria las exigencias y expectativas van cambiando rápidamente. Primero nosotros y después nuestros clientes, trabajadores, autoridades, comunidades y ONG tienen constantemente nuevas demandas y preocupaciones que obligan a movilizarnos y escuchar activamente a nuestros grupos de interés, para así responder a sus preocupaciones. 

Colaborar, sí, para dar mayor bienestar a las comunidades y trabajadores, cuidar el medio ambiente y desarrollar mercados. Competir, siempre, para ser más eficientes y seguir siendo líderes de clase mundial.