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Adolfo Alvial, director ejecutivo del Club de Innovación Acuícola y director de ORBE XXI. Foto: Archivo Salmonexpert.
Adolfo Alvial, director ejecutivo del Club de Innovación Acuícola y director de ORBE XXI. Foto: Archivo Salmonexpert.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Adolfo Alvial, director ejecutivo del Club de Innovación Acuícola y director de ORBE XXI.

La innovación es tanto más potente y efectiva cuanto más se relacione a las necesidades prioritarias de la industria. Al abordar el tema de las principales brechas se debe, consecuentemente, poner atención a los grandes desafíos no resueltos o débilmente resueltos en la industria, que afectan su sostenibilidad y competitividad actual y proyectada.

Y en ese sentido, la primerísima brecha en nuestro país es la aún débil interacción sistemática entre los actores del ecosistema de innovación de la industria, la debilidad para que se declaren y conozcan las brechas a cuya definición y solución pueden contribuir actores del ámbito de los productores de salmón, proveedores, academia, iniciativas startups, fondos de cofinanciamiento, entre otros.

Una clara definición de los problemas ayuda a la búsqueda de soluciones colaborativas, potentes y sostenibles, y evita el costoso camino de productos y servicios fragmentarios, duplicados y de escasa persistencia temporal. Esta brecha basal, que apunta al corazón de un proceso innovador efectivo, ha tratado de abordarse desde la Corfo a través de su programa estratégico público – privado que requiere generar y sostener relaciones de confianza y cooperación y un desplazamiento gradual hacia la innovación abierta.

Aparte de ello, recientemente el Club Innovación Acuícola ha nacido para generar espacios de fortalecimiento a la capacidad de innovar en el sector individual y colectivamente, estimulando también la acción colaborativa que busca acercamientos con el ecosistema de innovación y la academia. A pesar de estos esfuerzos, falta aún una institucionalidad moderna y potente público – privada que haga posible la definición adecuada de los problemas y promueva el desarrollo de soluciones colaborativas al respecto.

Además de lo anterior, se debe superar un hábito simplista en la identificación de los problemas. Los grandes desafíos tienden a definirse más por sus efectos que por sus orígenes, lo que consecuentemente estimula el desarrollo de soluciones que apuntan a los síntomas y no a las causas de ellos. Es esa la visión que ha provocado que terminemos tratando más que previniendo enfermedades y empleando persistentemente antibacterianos, más allá de lo razonable. ¿Se ha innovado en el tratamiento?, claro, pero ¿se ha innovado en la forma de aproximación a los problemas para dar soluciones estables de largo plazo? Claramente no.

Por eso, cuando se dice que Caligus y SRS son dos ámbitos donde hace falta aún mucha investigación e innovación, no estoy de acuerdo, porque comparativamente, son dos problemas en los cuales se han destinado muchos recursos y por varios años, sin resultados efectivos. El punto está en que no ha habido programas holísticos y de largo plazo, que reúnan a los equipos de trabajo, minimizando la multiplicación de esfuerzos. Falta consecuentemente innovar en la forma de llevar adelante la generación y aplicación de conocimientos en estos dos grandes problemas, creando estímulos para el trabajo colaborativo y la cooperación entre equipos que debieran sumar más que buscar la gloria en forma individual. Eso ocurre también en otros ámbitos como floraciones algales nocivas, capacidad de carga de los cuerpos de agua, por nombrar algunos.

Un verdadero y efectivo proceso innovador comienza por establecer programas con visión estratégica que en forma participativa identifiquen las brechas que inhiben o retardan el desarrollo industrial y que establecen las hojas de ruta para solucionarlas, sin inmediatismos irrealistas y fragmentación de recursos, y de paso, superando los diagnósticos simplistas. Algo se ha avanzado, pero nos queda por vencer la brecha más determinante en esta tarea, la desconfianza, que hace que no se declaren los problemas reales, no se entreguen los datos suficientes, no se apoye la formación de capital humano avanzado, ni se pongan a disposición recursos para apoyar investigaciones y aplicaciones que necesitan colaboración.

La desconfianza es costosa, paralizante y la mayor de las brechas para impulsar la solución de todas las demás.