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Marco Rozas-Serri, Managing Director de Laboratorio Pathovet. Foto: Laboratorio Pathovet.
Marco Rozas-Serri, Managing Director de Laboratorio Pathovet. Foto: Laboratorio Pathovet.

*Columna de opinión para Salmonexpert Marco Rozas-Serri, Managing Director de Laboratorio Pathovet. 

Ya decía Aristóteles, “Omnes homines natura scire desiderant”, es decir, “todos los hombres desean, por naturaleza, saber”. Sin embargo, Chile muestra cifras raquíticas de inversión de 0,38% del PIB en investigación y desarrollo, indicador que nos deja, en términos futboleros, colistas en la OCDE. Somos un laboratorio natural perfecto para estudiar diferentes áreas del conocimiento, pero nuestro número de investigadores es de 1,09 por cada mil trabajadores, contra 7,75 de promedio OCDE. Obviamente, nuestra realidad de industria no es diferente. Esto contrasta fuertemente con la experiencia Noruega, donde la innovación se entiende como piedra angular del desarrollo futuro, y para alcanzar el objetivo, se comprometen fondos generales y específicos para diferenciarse positivamente de la competencia.

¿Por qué Chile destaca por su indiferencia hacia la investigación y el conocimiento? Quizás la respuesta más cercana sea “porque nuestra economía se basa en la extracción de recursos naturales y no se ha necesitado de la innovación”. A nivel país, los indicadores que explican el desacople entre ciencia y empresa son incuestionables. El Foro Económico Mundial indicó que una de las mayores debilidades de Chile es la incapacidad de las empresas para adoptar ideas disruptivas. Sin embargo, el caso específico de nuestra salmonicultura tiene matices, ya que, a pesar de que también se basa en recursos naturales, es una de las más grandes innovaciones en Chile. Entonces, debemos estar a la altura del desafío y marcar la diferencia respecto de otros sectores económicos del país.

La innovación está cada vez más menospreciada, quizás porque olvidamos que el fin no es innovar por innovar, sino que innovar es el camino para llegar al fin, y que la innovación debe tener un propósito. Digamos las cosas como son, una golondrina no hace verano, es decir, la aparición de una de estas aves en primavera, no permite predecir la llegada del buen tiempo. Entoces, la relación entre la universidad y la industria, en términos de innovación, es cercana a nada y lo poco, no son soluciones de impacto para la industria o se focalizan en la investigación más básica. Por supuesto, esta es necesaria y fundamental para la innovación, pero tiene diferentes tiempos y se alinean de diferente forma y fondo con las necesidades de la industria, la cual necesita urgentemente innovación, soluciones aplicadas que le agreguen valor a su gestión y aporten a mejorar su productividad. Este es un interesante desacople entre ambos mundos que podría se resorte de otra columna.

Sin embargo, viendo el vaso medio lleno, lo más cercano a una estructura sistémica ha sido el Programa para la Gestion Sanitaria de la Acuicultura (PGSA) ejecutado en los últimos 3 años, donde industria y Estado se alinearon con un propósito común (SRS y caligidosis) para responder algunas preguntas bien concretas. A pesar de que esta iniciativa no tiene ahora continuidad, quizás, nos deja una idea respecto de que la propuesta política debiera ser la creación de un centro público-privado de investigación e innovación financiado por ambos sectores. El real propósito no se alcanzará si continuamos trabajando solos desde nuestras respectivas trincheras. Necesitamos una estrategia que nos lleve a trabajar juntos de manera organizada, sistemática y eficiente, considerando, por supuesto, que la política corta es indiferente a la ciencia, ya que esta entrega retornos silenciosos a largo plazo. 

La salmonicultura chilena enfrenta importantes desafíos tecnológicos para preservar su participación del 30% de la producción mundial, por lo que debemos definir, consensuar y relevar qué entendemos como propósito de la innovación en nuestra industria. El tema no es la mirada particular de cada desafío, sino que el asunto fundamental es: ¿Cómo nos organizamos para diseñar y ejecutar el plan para alcanzar el propósito? Luego, probablemente, la forma más adecuada y sistemática para que las partes involucradas se alinien con el propósito a largo plazo sea a través de un potente centro de investigación aplicada para el salmón chileno. La pregunta finalmente persiste: ¿Vamos a decidir, en serio, por saber e innovar?