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Guillermo Staudt, Director Ejecutivo del Proyecto Pincoy. 
Guillermo Staudt, Director Ejecutivo del Proyecto Pincoy. 

*Columna de opinión para Salmonexpert de Guillermo Staudt, Director Ejecutivo del Proyecto Pincoy. 

A comienzos de este año, en una columna en el diario El Mostrador, el abogado Jorge Cash definió nuestra industria acuícola como una “fuente de recursos estratégicos de primer orden para el país”. Más allá del orgullo que produce leer una descripción tan acertada (especialmente cuando su autor no tiene una relación directa con la acuicultura), resulta interesante revisar con más profundidad el sentido de estas palabras.

Los recursos estratégicos son aquellos elementos útiles que brinda la naturaleza y que un Estado considera esenciales para su seguridad (Instituto de Estudios Estratégicos y de Relaciones Internacionales, Roberto Bloch). Protegerlos, potenciarlos y proyectarlos es una obligación que convoca tanto al sector público como al privado. Desde este último, reducir el consumo de antibióticos en la producción nacional de salmónidos genera impacto en las tres dimensiones y es lo que inspira el trabajo serio y dedicado de muchos profesionales en nuestra industria.

El cuidado integral de la salud de los peces, y consecuentemente su bienestar animal, es un equilibrio delicado entre la predicción, prevención, detección y el tratamiento de enfermedades. Utilizar menos antibióticos significa tener una menor incidencia de las enfermedades que deben ser tratadas con este tipo de medicamentos y eso implica que hemos sido capaces de anticiparnos a los hechos, protegiendo el recurso.

Por su parte, cualquier organismo viviente se desarrolla de mejor manera si se encuentra sano, pues toda su energía la destina a desarrollarse y lograr su máximo potencial. Contar con herramientas eficientes que ayuden a prevenir o detectar tempranamente la aparición de los patógenos que causan las enfermedades, no solo minimiza los tratamientos terapéuticos, sino que hace el proceso productivo más eficiente y sustentable.

Lograr todo lo anterior a su vez robustece la industria acuícola y permite proyectarla, ya que cuida ese equilibrio absolutamente necesario que debe existir para una explotación respetuosa, eficiente y sostenible de recursos que muy pocos países en el mundo tienen y que no solo continuará abriéndonos las puertas de los mercados más exigentes del mundo, colocándonos a la vanguardia de la producción de proteína animal sustentable, sino que también fortalecerá la seguridad alimentaria de todos los chilenos.

El trabajo de reducir el uso de antibióticos es una tarea particularmente difícil en Chile debido a la complejidad de los factores que lo gatillan y a la evolución que estos mismos tienen en el tiempo. La inversión permanente en I+D es, por lo tanto, un ingrediente fundamental que debe mantenerse e incluso incrementarse en el tiempo y en el que tanto las empresas privadas como el Gobierno tienen un rol fundamental.

Existe mucha desinformación respecto al uso de antibióticos en la salmonicultura nacional y, lamentablemente, ello ha sido muchas veces utilizado intencionalmente para dañar la imagen de una industria que ha tenido el coraje de admitir sus errores y a la que pocas veces se le reconoce el enorme aporte que ha traído al desarrollo de la Patagonia chilena y sus comunidades. 

Transmitir la verdadera razón por la que es necesario reducir el consumo de antibióticos, y combatir las opiniones que buscan sembrar el miedo y afectar la imagen de nuestra actividad, es algo que también nos atañe a todos. En ocasiones, la ausencia de un discurso proactivo permite que los argumentos falsos se validen frente a la opinión pública, y que el esfuerzo de muchos años sea interpretado como intentos de reparar un daño causado o la respuesta forzada de una industria irresponsable y poco comprometida con un desarrollo integral y sostenible.

En otras palabras, reducir el consumo de antibióticos no es la meta sino la demostración científica y palpable de hacer bien el trabajo, sumado al logro de adaptar los métodos de producción de manera eficaz, demostrando así que la salmonicultura es una industria que protege uno de los recursos estratégicos de Chile.