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Derie Fuentes, gerente área Acuicultura y Ecosistemas Marinos en Fraunhofer Chile Research. Foto: Fraunhofer Chile Research.
Derie Fuentes, gerente área Acuicultura y Ecosistemas Marinos en Fraunhofer Chile Research. Foto: Fraunhofer Chile Research.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Derie Fuentes, gerente del área Acuicultura y Ecosistemas Marinos en Fraunhofer Chile Research. 

Hace más de un siglo el químico francés y padre de la microbiología moderna Luis Pasteur, acuñó una de las frases reconocibles, en cierto sentido clarividentes e, incluso, un poco apocalípticas de la ciencia: “Messieurs, c'est les microbes qui auront le dernier mot” (Señores, son los microbios los que tendrán la última palabra).

En los últimos años, esta aseveración se ha vuelto cada vez más evidente gracias a los crecientes avances científicos y tecnológicos que nos han permitido entender mejor el real impacto de los microorganismos en nuestra vida.

Es un hecho aceptado y comprobado el que no sólo no podemos vivir sin bacterias, sino que dependemos y nos vemos profundamente afectados por ellas en muchísimos aspectos relevantes de la vida moderna, entre los que se cuentan la producción de alimentos y medicamentos y, por supuesto, la incidencia en enfermedades.

La acuicultura no escapa a esta realidad. En Chile son habituales los problemas con patógenos bacterianos como Piscirickettsia salmonis (SRS), Renibacterium salmoninarum (BKD), Aeromonas salmonicida o Tenacibaculum spp por nombrar los principales. Estos inciden directamente en la pérdida de productividad de la industria, pero también indirectamente a través de los problemas sociales, de imagen y de acceso a mercados debido al uso excesivo de antibióticos, tema ya bien sabido por todos.

Pero más allá de “las luces” que la contingencia le da a estos patógenos, hay otro 99,99% de microorganismos que soportan y permiten la vida, la modelan, la regulan, y de los que no tenemos  -hasta ahora- suficiente información ni entendimiento. Sólo para comprender la magnitud de nuestra ignorancia, tomaremos como referencia los datos del proyecto “Microbioma Global” (www.earthmicrobiome.org), en el que se han catalogado poco más de 10 millones de especies bacterianas, de un total estimado de 1 billón (10^12) especies. Estamos bastante lejos.

Pero, ¿qué es un microbioma? En términos sencillos, la comunidad de microorganismos que viven e interactúan entre sí en un ambiente determinado se denomina “microbioma”. Lo fascinante es que cada superficie, tejido, recoveco, espacio, en la superficie de la Tierra puede alojar a su propio microbioma. Nuestra piel, intestinos y mucosas están colonizados por billones de bacterias que interactúan con nosotros. De igual manera, en medioambientes mucho más complejos, como los marinos, se pueden encontrar estos microbiomas en cada uno de los animales presentes, así como en los diferentes sustratos que lo conforman.

Ahora, ¿qué relación tiene esto con la acuicultura? Bueno, desde hace un rato la comunidad científica mundial viene estudiando cómo los microbiomas de los peces cultivados se ven afectados por las condiciones ambientales, las dietas, el estrés, su genética y otras variables, y cómo esto a su vez afecta al mismo pez. Conocer estos vínculos permitirá hacer avances para mejorar el crecimiento, la sanidad, incluso el bienestar de los animales y, por tanto, impactar positivamente en la productividad de la industria.

También existen iniciativas que están evaluando cómo el microbioma del entorno se ve afectado por las operaciones acuícolas que se alojan en él. Iniciativas como la de Tara Oceans (http://ocean-microbiome.embl.de/companion.html) están capturando información acerca de la estructura y diversidad de las comunidades microbianas en los océanos alrededor del mundo. Otros proyectos locales, guiados por universidades e institutos de investigación como Fraunhofer Chile están estudiando a diferentes niveles de complejidad, los mismos aspectos ya comentados.

Y la pregunta que surge a continuación es: ¿cómo podemos estudiar y usar nosotros en Chile esa información? Por una parte, como ya se mencionó, el estudio de los microbiomas intestinales, branquiales y de piel de peces en cultivo tiene aplicaciones directas, al relacionar su cambio, conformación y/o diversidad con aspectos nutricionales, genéticos o medioambientales, obteniendo una herramienta útil para el seguimiento de parámetros de sanidad y productividad, lo que ya está siendo abordado por diferentes grupos de investigación en la academia y la industria.

Pero otra alternativa menos estudiada está relacionada con el ámbito medioambiental. Una aplicación abordable en el corto plazo es el estudio de la estructura de las comunidades microbianas alrededor de una concesión acuícola en un período de tiempo, lo que se puede correlacionar con el impacto ambiental que está teniendo la operación. Estos estudios podrían eventualmente complementar las herramientas de evaluación que la autoridad sanitaria tiene a disposición actualmente como las INFAs

Así, estos estudios complementarios podrían ser útiles a la hora de evaluar las aprobaciones de operación o cierre de concesiones en lugares que naturalmente presentan condiciones anóxicas, o en otros que, a pesar de mantener una condición de oxigenación aceptable, muestran una disminución en la diversidad de microorganismos presentes.

El entendimiento profundo de la diversidad y estructura de las comunidades microbianas en un lugar determinado nos entregará las herramientas necesarias para tomar decisiones acordes con la necesidad de avanzar hacia una producción sustentable y medioambientalmente amigable. Con esto se lograrán mejoras productivas, pero además mejorará la percepción de la población acerca del impacto real de la acuicultura en el entorno, porque al fin de cuentas… Son los microorganismos los que tienen la última palabra…