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El inventor Esben Beck con el robot Stingray. Foto: Oficina Europea de Patentes.
El inventor Esben Beck con el robot Stingray. Foto: Oficina Europea de Patentes.

Noruega: Se trata del robot sumergible Stingray que escanea a los peces, detecta a los parásitos, calcula la trayectoria del salmón y su rayo láser impacta en los piojos. 

Los piojos de mar se han convertido en un problema grave para los productores de salmón. En ese sentido, el emprendedor noruego Esben Beck, afirmó que los tratamientos contra estos parásitos “dejaron de funcionar. Intentaron alternarlos, pero aún así los piojos se volvieron resistentes. Pensé que tenía que haber otra forma de solucionarlo y una idea asaltó mi mente”.

Según detalla el sitio agenciasinc.es, Beck pensó que, con un tamaño similar al de una uña, los piojos eran una diana lo bastante grande como para que un tirador con buena vista pudiera dar en el blanco. Así nació Stingray, una máquina patentada en 2010 que dispara rayos láser para acabar con el parásito.

Stingray es un robot sumergible del tamaño de una nevera que rastrea el entorno mediante cámaras capaces de reconocer a los piojos gracias a un software de reconocimiento de imágenes. En unos 7 milisegundos, puede escanear al pez más cercano y detectar posibles parásitos. Entonces viene la parte más difícil: calcular la trayectoria del salmón para que el rayo de láser verde impacte donde debe.

Letal para los parásitos e inocuo para los peces

Los 532 nanómetros de longitud de onda del láser son letales para los piojos, pero inocuos para los peces. “Rebota en la piel del salmón porque es muy reflectiva, como una bola de discoteca”, explica el inventor. La máquina es capaz de acabar con decenas de miles de parásitos al día.

Tras el lanzamiento comercial de Stingray en 2014, la empresa de Beck ha producido más de 300 unidades. Atraer a los salmonicultores no fue fácil al principio: “Todos hemos oído hablar de Star Wars y de la ciencia ficción, pero hubo que convencer a algunos valientes de que la idea funcionaba”. A partir de ahí, asegura, el boca a boca hizo el resto y el creador era nominado al Premio al Inventor Europeo 2019 de la Oficina Europea de Patentes, en la categoría de pequeña y mediana empresa.

Los 300 robots están en 200 de las 4.000 jaulas que tiene Noruega para cultivar salmones. El coste para el productor es de unos 35.000 euros al año (US$ 38.585, aproximadamente) con un contrato de cuatro años que incluye el servicio de mantenimiento. Desde Stingray Marine Solutions, consideran que se amortiza en un año al evitar que el tamaño y calidad de los peces merme por culpa del parásito: “podemos reducir las pérdidas en el sector hasta un 70 %”, asegura Beck.

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