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Abogado Andrés Lea-Plaza. Foto: Cedida.
Abogado Andrés Lea-Plaza. Foto: Cedida.

*Columna de opinión para Salmonexpert del abogado Andrés Lea-Plaza.

Entrando los primeros años de este siglo hubo un consenso político en Chile. La Innovación obtenida a través de un proceso de investigación y desarrollo está fuertemente ligada al grado de desarrollo. Por lo tanto, si queremos pertenecer al selecto club de países desarrollados resulta conveniente implementar políticas de estado que potencien el I+D+i (sigla muy de moda por estos días). 

De esta forma, se emplearon variados instrumentos con el objeto de elevar los índices en la materia. El diagnóstico era uno: en Chile se investiga, pero esa investigación se encuentra disociada del interés de las empresas. En ese sentido, se crearon fondos públicos destinados a cofinanciar proyectos de I+D empresariales; beneficios tributarios asociados a dichas actividades; e incluso se declaró expresamente que ambos instrumentos son compatibles entre sí. Producto de estos esfuerzos podemos felizmente decir que el índice de gasto en I+D versus el PIB nacional subió del 0,31% en 2007 a un índice de …. (redoble de tambores) 0,355% en 2018. 

Nada alentador al parecer.

¿Esto quiere decir que estamos condenados al fracaso económico cómo país? ¿Es realmente el empresariado chileno mediocre? Mi teoría es la siguiente: Las empresas realizan Investigación y Desarrollo todo el tiempo sin saberlo.

Hecho 1: Para el año 2018 (y desde 2012) se presentaron en Corfo 1.281 solicitudes de certificación de I+D, de las cuales sólo 183 fueron rechazadas. 

Hecho 2: En los años 2017 y 2018 cerca del 50% de las empresas que postularon a este beneficio lo habían hecho anteriormente.

Por tanto, existe un grupo de empresas que sí utiliza este beneficio regularmente y con muy buenos resultados. ¿Qué ocurre entonces con el resto de ellas? O no tienen idea de la existencia de este beneficio o bien tienen una fuerte creencia en el hecho de que dos organismos fiscalizadores en vez de uno (entiéndase Corfo y SII) terminará perjudicando a la compañía. Ahí es donde se tiene que poner el foco. Tranquilos, que el perro no muerde y está muy interesado en que hagan I+D.

Otro factor que puede incidir en los bajos niveles de I+D presentados es el desconocimiento que tienen las empresas sobre si lo que actualmente hacen corresponde o no a Investigación y Desarrollo. Algunos incluso pueden intuir que lo hacen, pero no están para nada seguros de ello. A todos ellos les cuento un secreto: nadie sabe realmente lo que es Investigación y Desarrollo.

Hagamos un poco de historia. En 1963 un grupo de expertos en estadísticas de la OCDE decidieron establecer un protocolo de medición de actividades de I+D que realizan los países (conocido como Manual de Frascati). Al poco andar se toparon con el primer problema. No existía una definición clara de lo que se entiende por I+D. De ahí que se tuvo que emplear un capítulo entero a definir lo que debemos entender por I+D. Se hizo de la siguiente manera:

“El término I+D engloba tres actividades: investigación básica, investigación aplicada y desarrollo experimental. 
La investigación básica consiste en trabajos experimentales o teóricos que se emprenden principalmente para obtener nuevos conocimientos acerca de los fundamentos de los fenómenos y hechos observables, sin pensar en darles ninguna aplicación o utilización determinada. 

La investigación aplicada consiste también en trabajos originales realizados para adquirir nuevos conocimientos; sin embargo, está dirigida fundamentalmente hacia un objetivo práctico específico. 

El desarrollo experimental consiste en trabajos sistemáticos que aprovechan los conocimientos existentes obtenidos de la investigación y/o la experiencia práctica, y está dirigido a la producción de nuevos materiales, productos o dispositivos; a la puesta en marcha de nuevos procesos, sistemas y servicios, o a la mejora sustancial de los ya existentes”. 

Llama profundamente la atención que un proceso, como lo es el I+D se define por su fin y no por la metodología que utiliza. ¡Estamos hablando del método científico! También podemos ver que el párrafo citado se preocupa más de diferenciar las tres categorías entre sí en lugar de entregarnos un concepto común que las englobe. Incluso se preocupa de entregarnos un catálogo de lo que no es I+D. Y bueno, esta es la norma utilizada en todos los países al efecto.

He aquí una humilde opinión. Todo proyecto puede ser susceptible de catalogarse como I+D siempre que: Requisito #1: Busque obtener o aplicar un conocimiento nuevo o significativamente mejorado. Requisito #2: Emplee un método de verificación por medio del ensayo y error para su obtención. 

Pues bien, dejando de lado lo anterior y considerando la tasa de éxito de las empresas que sí han postulado y aprovechado este beneficio (y que posiblemente sean las mismas que postulan a fondos públicos de innovación), creo que bajo el contexto país actual es necesario hacer un llamado a todos aquellos empresarios que día a día realizan pequeñas (y no tan pequeñas) innovaciones en sus productos y/o procesos para que averigüen más acerca de esta oportunidad que nos da la Ley 20.241 de incentivo tributario al I+D. 

En especial, a aquellos que desenvuelven en la industria acuícola. Después de todo, la pesca y acuicultura fue la tercera actividad con más solicitudes de certificación luego de la agricultura y la minería, al tiempo que la región de Los Lagos fue la segunda región con mayor monto certificado luego de la región Metropolitana. 

En otras palabras, los invito a ser parte de ese club del cual nunca pensaron haber sido parte.