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Regulación ambiental y tecnologías de monitoreo para acuicultura oceánica sostenible

Carlos Carroza, líder de investigación en Gestión Ambiental Centro de Biotecnología de Sistemas UNAB. Foto: UNAB.
Carlos Carroza, líder de investigación en Gestión Ambiental Centro de Biotecnología de Sistemas UNAB. Foto: UNAB.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Carlos Carroza, líder de investigación en Gestión Ambiental Centro de Biotecnología de Sistemas UNAB.

En Chile actualmente la acuicultura se realiza sólo en la primera milla. Es por eso que los centros de cultivo están muy cerca de la costa, con los costos ambientales y la saturación de concesiones marinas que esto implica.

Cambiar esta situación manteniendo los beneficios de esta industria para la salud alimentaria es factible desarrollando la acuicultura oceánica, actividad que consiste en operar desde la milla 5 —es decir, fuera del área reservada a la pesca artesanal— y con potencial de llegar hasta las 200 millas, que es el límite de la zona económica exclusiva.

De esta forma se busca ampliar la producción acuícola —que ya ha alcanzado límites de producción en nuestro mar interior— y proteger ecosistemas más vulnerables, como mares interiores, fiordos y lagos, favoreciendo así su recuperación.

Para hacerlo de manera sostenible es fundamental que esta naciente actividad, que a nivel mundial se encuentra a nivel piloto o experimental, involucre aspectos científicos y regulatorios en su diseño.

Desde el Centro de Biotecnología de Sistemas la Universidad Andrés Bello (CSB-UNAB) estamos contribuyendo a esa labor como parte del Programa para el Desarrollo Tecnológico de la Acuicultura Oceánica, liderado por la empresa beneficiaria EcoSea Farming, apoyado por Corfo para suministrar los insumos que complementen las bases para el desarrollo de la acuicultura oceánica en Chile.

El objetivo de este programa es establecer tecnologías para habilitar centros de cultivo de salmón y otras especies mar afuera y desarrollar esta actividad de manera sustentable, bien regulada, cuidando el medio ambiente y mitigando además los impactos que se generan sobre las comunidades locales. 

En el ámbito regulatorio, es una muy buena señal que Sernapesca, Subpesca y Corfo estén trabajando con centros de investigación para la elaboración de propuestas de mejora y modificaciones que requiere la actual normativa para montar y operar un centro oceánico.

Lo mismo ocurre en la esfera ambiental. Como parte del consorcio EcoSea, CSB-UNAB está proponiendo nuevas formas de monitoreo ambiental para este tipo de centros, las que comenzarán a probarse este año en un centro piloto del consorcio ubicado en una zona de alta energía marina en la región de Los Lagos.

Esto permitirá evaluar todo el ciclo productivo, es decir, antes, durante y después de la cosecha, y con una frecuencia mayor a la que exige la normativa actual. El objetivo es implementar nuevas herramientas moleculares de secuenciación masiva de ADN, como en eDNA y el metagenoma, para monitorear las bacterias presentes en el entorno de un centro de cultivo oceánico y medir el impacto en un entorno que por sus características de mayor oleaje involucra un área de influencia o dispersión mayor que la acuicultura actual. 

Como resultado, se podrán proponer, por ejemplo, estaciones de monitoreo que consideren las corrientes marinas predominantes y la pluma de dispersión que generan los sedimentos de los peces, para luego fijar las estaciones de monitoreo en el fondo marino más que en la columna de agua.

El océano es el 70% de nuestra superficie, somos de facto un planeta oceánico, por lo que las oportunidades que nos brinda deben ir acompañadas de un desarrollo responsable. Es por ello que iniciativas como estas, que reúnen a actores de los sectores público, privado y académico, permitirán que la naciente acuicultura oceánica avance en Chile en forma sostenible y con los resguardos que nuestro océano y el medio ambiente marino merecen.