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Gonzalo Romero, gerente del Programa Estratégico Mesoregional Salmón Más Sustentable de Corfo. Foto: Archivo Salmonexpert.
Gonzalo Romero, gerente del Programa Estratégico Mesoregional Salmón Más Sustentable de Corfo. Foto: Archivo Salmonexpert.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Gonzalo Romero, gerente del Programa Estratégico Mesoregional Salmón Más Sustentable de Corfo. 

La salmonicultura y en general todas las acuiculturas, han tenido que adaptarse a las nuevas tendencias que, desde hace ya algunos años, están condicionando su desarrollo a nivel local y mundial. Hacer acuicultura hoy en día es mucho más complejo que hace cinco años y por cierto que, en cinco años más lo será aún más complejo que hoy.

Esta complejidad, que se traduce en un nuevo enfoque que vas más allá de lo netamente productivo, regulatorio, relacionamiento con el entorno, mercados e incluso ahora último, aspectos de orden mundial, como pandemias, cambios políticos o en los hábitos de consumo, aumentos de costos por desajustes logísticos, escasez de mano de obra, entre otros, requiere como única posibilidad para mantenerse vigentes, la velocidad de adaptación y de introducción de cambios en los modelos productivos.

Una acuicultura y una salmonicultura acorde a los desafíos planteados por la FAO, para ser en el corto plazo la principal fuente de proteína sustentable en los próximos años y contribuir decididamente a la seguridad alimentaria, o por la ONU en sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, requiere entonces de complejos procesos de transformación y adaptación a nuevas formas de hacer acuicultura. 

Por lo mismo, es necesario generar acciones concretas para el rediseño de sus procesos internos e incluso, para el establecimiento de nuevas interacciones entre los distintos actores del encadenamiento productivo, en donde actores que hasta hoy han tenido un rol secundario destinado a proveer, se transformen en verdaderos socios estratégicos capaces de orientar y consolidar estos nuevos sistemas productivos.

Afortunadamente, las nuevas tendencias también han permitido la irrupción de nuevos actores que están llamados no sólo a contribuir a la adaptación de estos modelos productivos sino a contribuir a su sostenibilidad y por qué no, a su sustentabilidad. Uno de estos actores son las denominadas startups, que precisamente están siendo protagonistas de cambios disruptivos en el ecosistema empresarial y social liderando la innovación multinivel, impulsando la digitalización, generando nuevos modelos de negocio, desarrollando soluciones innovadoras con extrema rapidez, adaptándose a los cambios en el entorno y la sociedad, creando nuevos productos y servicios para las necesidades de los clientes de hoy en día.

En el año 2010, en Chile se dio un primer paso a través de un esfuerzo centralizado en la Corporación de Fomento de la Producción Corfo, para generar cambios en la cultura chilena en temáticas de emprendimiento, pasando de una mentalidad tradicional a una tecnológica, con mercados e impactos globales atrayendo talento del exterior y ofreciendo capitales semillas para la creación de nuevos emprendimientos. 

Así se generó, además, una extensa red de incubadoras y/o potenciadoras de negocios y desarrollando nuevos conceptos y prácticas como las denominadas unidades de gestión de transferencia y licenciamiento. Once años después, y si bien falta mucho aún para poder consolidar un entorno regulatorio y de fomento real acorde a este tipo de emprendimientos, la realidad es que se ha generado casi de manera espontánea, un número creciente de startups locales. 

De ellas, al menos una veintena que se han especializado en acuicultura caracterizándose por requerir (relativamente) poca inversión inicial, operar con costos mínimos, tener un alto potencial de crecimiento o escalabilidad, generar ingresos con modelos de negocio innovadores, atacar grandes mercados con necesidades desatendidas, financiarse con venture capital o capital de riesgo y, tener una mentalidad ambiciosa y abierta a los cambios. Todas estas características difíciles de detectar en nuestra acuicultura de hace tan sólo una década atrás.

Nuestro naciente pero fecundo ecosistema de startups acuícolas chilenas resalta por ser cuna de startups deeptech, es decir, con un alto componente de tecnologías avanzadas y nos están obligando a interiorizarnos de manera urgente, en conceptos que para ellas le son rutinarios tales como la Artificial Intelligence (AI), el Internet of Things (IoT),  la Odd Industries (computer visión), Citysense (analítica aplicada a la vida urbana), la AIRA (AI para reclutamiento), el e-commerce, marketplace, SaaS (Software as a Service), transactional, Usage-based o last-mile entre muchos otros. 

Biolift, whereEX, Kran, Salmokine, por nombrar sólo algunas, están abriendo el camino y forzando a la institucionalidad a generar cambios urgentes en regulación y acceso a capitales de riesgo. Desde nuestro Programa Estratégico Mesoregional Salmón Más Sustentable y con la participación de agentes públicos y privados, conscientes de la importancia de las startups, buscamos contribuir a mejorar en el mediano y largo plazo la competitividad y la sustentabilidad del sector, en ámbitos donde existe alto potencial de generación de valor y/o crecimiento, a través de la identificación y resolución de brechas y fallas de coordinación y oportunidades de mercado, generando con ello, un mejor entorno para la productividad, la innovación, el desarrollo tecnológico y el emprendimiento.

La tarea entonces, bajo esta nueva mirada que nos brindan las startups, es acelerar el cambio de nuestro patrón de especialización en acuicultura, tanto industrial, de inversión, de empleo, de factores de producción y de intercambio comercial global poco diversificado, sofisticado, dinámico y “aún” muy sustentado en ventajas competitivas estáticas relacionadas con la “disponibilidad” de recursos naturales.