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*Sergio Ballestero Muñoz-Reja es jefe de proyectos de Ecoterrae Global Solutions, firma de consultoría estratégica de cambio climático y sostenibilidad. 

El reciente estudio “El Océano como Solución al Cambio climático: 5 oportunidades de Acción” elaborado por el Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, sostiene que "el océano podría generar una quinta parte de los recortes de las emisiones necesarias de aquí a 2050 para limitar el aumento de las temperaturas a 1,5°C". Esto nos hace pensar el importante peso que juegan los océanos en la reducción de la huella de carbono.

La meta de descarbonización que los principales países mundiales han adquirido como el nuevo gran reto tendrá que pasar por tomar medidas dirigidas hacia los grandes sectores económicas que viven en torno al mar.

El estudio propone como soluciones el "incremento de la energía renovable basada en el océano", "descarbonizar el transporte marítimo nacional e internacional de pasajeros y mercancías", "aumentar la protección y recuperación de los ecosistemas de "carbono azul -manglares, praderas marinas y marismas- " y "utilizar fuentes de proteínas bajas en carbono".

Por tanto, es fundamental que un sector tan vulnerable como es la acuicultura, en la que pequeñas variaciones climáticas afectan de manera importante al producto, sea consciente de qué impacto tiene en el entorno y cómo de resiliente va a ser a los grandes cambios climáticos. Es decir, el sector debe ser capaz de reducir consumos, pero también adaptarse a los cambios climáticos que se prevé sean cada vez más acusados y recurrentes.

Acostumbrados a trabajar con empresas de diferentes sectores, en Ecoterrae Global Solutions, consultoría estratégica de cambio climático especializada en apoyar a las empresas a alinear su negocio con criterios de sostenibilidad, cada vez más recibimos empresas que demandan ser diferenciadoras del sector, aportar un valor añadido a sus productos y trabajar con un enfoque claro hacia el compromiso con el medio ambiente.

En la actualidad, trabajamos hacia una economía circular, donde los residuos de una industria puedan ser la materia prima para otras. En esta línea, es fundamental conocer también cuáles son las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producidas en cada una de las fases de la cadena de producción; lo que se conoce como Huella de Carbono de Producto o Análisis de Ciclo de Vida (ACV).

Del mismo modo que un gran número de empresas y administraciones controlan sus emisiones de carbono a nivel organización y realizando acciones enfocadas a reducir el impacto directo de su actividad, las nuevas tendencias van encaminadas también a conocer el impacto de cada una de las fases de transformación del producto.

Definiendo el alcance del cálculo vamos a poder realizar un análisis de las emisiones GEI que se producen en cada fase de producción y que están asociadas a consumos eléctricos, de combustibles y de combustibles asociados a la logística y transporte; e incluso a los consumos de aguas y materiales utilizados durante la producción. Además, podremos hacer un estudio de los impactos ambientales sobre el ecosistema y sobre el ser humano que cada una de las fases genera.

Conocer las emisiones asociadas a cada uno de los procesos nos va a permitir pues, trazar un plan de acción en cada una de las fases, de modo que podamos reducir consumos y aunar esfuerzos en aquellas etapas donde el impacto sea mayor y seamos más vulnerables.

Este proceso de economía circular pretende también alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aportando un impacto positivo en las relaciones con las comunidades, el establecimiento de las alianzas, ahorros energéticos y de consumos de aguas, y por supuesto, una mejora de los ecosistemas. Y es que adelantarnos a los cambios climáticos incorporando criterios de sostenibilidad en nuestro modelo de negocio va a permitir conseguir un retorno más allá del económico.