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Juan Pedro Pinochet, presidente ejecutivo de la consultora Gestión Social. Foto: Gestión Social.
Juan Pedro Pinochet, presidente ejecutivo de la consultora Gestión Social. Foto: Gestión Social.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Juan Pedro Pinochet, presidente ejecutivo de la consultora Gestión Social.

El año pasado me invitaron a participar del denominado “AquaForum 2019” y acepté con mucho entusiasmo. 

Viajé a Puerto Varas con la expectativa de aprender más del rubro salmonicultor y compartir desafíos desde una visión integral de la sostenibilidad y el relacionamiento comunitario bajo el título “Más allá de un territorio”. 

Era el 17 de octubre de 2019. Nadie imaginó lo que pasaría al día siguiente. Las aguas calmadas pre-estallido social no reflejaban la real explosión que vivimos durante varios meses y que seguimos viviendo, pandemia de por medio. Sin embargo, en el fondo del mar podíamos encontrar elementos claves que presagiaban la ebullición producto del descontento acumulado.

Ha pasado casi un año y a la luz de los acontecimientos, vuelvo a pensar en las reflexiones que compartí ese día. Las exportaciones y los ingresos de la industria del salmón han aumentado de manera exponencial en los últimos años, sin embargo, la región de Los Lagos, es la segunda nacional con más personas en situación de pobreza multidimensional (25,5%) y cuenta con un ingreso medio de $483.800. Con estos números y otros que pude comentar, apuntaba a una idea muy simple: “la suma de las partes no es igual al todo”. 

Son muchas las empresas de distintos rubros que comparten territorios, que se relacionan con las mismas comunidades, pero que no logran articular un impacto colectivo, donde la inversión social y el trabajo comunitario movilice cambios reales. Por el contrario, abunda la dispersión de iniciativas poco focalizadas y no siempre acordes con una planificación nacional a nivel de industria -como en el caso del salmón-, en conversación con la priorización de las políticas públicas. 

En el caso de la industria salmonicultora nacional, vislumbraba la oportunidad de focalizar su trabajo propiciando un mayor diálogo entre las empresas y sintonía con las reales necesidades de los territorios donde están presentes. 

El desarrollo territorial es un proceso de co-construcción, que valoriza los elementos positivos del territorio y busca mitigar los negativos. Sin embargo, sin una visión compartida, con objetivos comunes, una propuesta de valor integrada, evaluaciones definidas y una comunicación transparente con visión sostenible del negocio, el proceso está destinado al fracaso. 

Especialmente en el contexto actual del país, -donde se ha agudizado la desconfianza y donde la necesidad de participación se hace cada vez más imperante- no podemos concebir un negocio sin internalizar en su cadena de valor a sus distintos grupos de interés, sobre todo, el comunitario.

Creo que los gremios son un excelente espacio para repensar las relaciones con las comunidades. Con la mirada del todo y la articulación de un trabajo conjunto, es posible priorizar problemáticas sociales, económicas y ambientales de los territorios. Las iniciativas particulares pueden calmar la superficie, pero no limpiar el fondo. 

La invitación es a dar el próximo paso. Que los aprendizajes y experiencias particulares converjan en una política gremial para la co-construcción del desarrollo de los territorios donde se emplazan sus operaciones salmonicultoras. 

Así, no solamente el gremio podrá fortalecer las relaciones entre sus empresas (más allá de la incidencia política), sino que también podrá focalizar los esfuerzos y la inversión en una dirección común. 

Aumentando el impacto, incidiendo en el desarrollo y promoviendo un mejor posicionamiento del rubro tanto en Chile como el extranjero.