Saltar al contenido principal
Álex González, Dr. en Biotecnología de la Universidad de Los Lagos. Foto: Cedida.
Álex González, Dr. en Biotecnología de la Universidad de Los Lagos. Foto: Cedida.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Álex González, Dr. en Biotecnología de la Universidad de Los Lagos.

Es de público conocimiento que los residuos generados en la industria salmonicultora nacional enfrentan actualmente medidas restrictivas y de control ambiental. A estas restricciones, se ha sumado un “veneno” invisible, donde este término originalmente proveniente latín utilizado para denominar a un virus (como lo conocemos actualmente). 

El efecto de la pandemia producto del coronavirus, está logrando cambiar muchos paradigmas: desde los estilos de vida de los países hasta probablemente las nuevas formas de producción, nuevas visiones y consideraciones. En esta entropía de visiones, opiniones, y mientras se logra comprender los alcances del coronavirus en los distintos estamentos sociales, la producción continúa y con ello una generación y acumulación de desechos de la industria salmonicultora. Desechos que necesitan un adecuado manejo con un transporte ad-hoc

El manejo de los desechos, operación que hace no más de seis meses se asumía como obvia y realizada con normalidad, actualmente está comenzando a taponar la botella (colapsar el sistema) producto de las restricciones de movimiento y barreras de todo tipo, especialmente sanitarias derivadas de este “veneno microscópico”. Desde esa perspectiva, es probable que nazcan preguntas quizás inocentes como: ¿Es necesario el traslado? ¿No se pueden ocupar en algún proceso o bien, darles valor?

En este punto de inflexión, retrospección o cambio de mirada, el término economía circular comienza a tomar mayor fuerza y sentido, especialmente mediante las actuales aplicaciones de nuevas tecnologías de bajo o nulo impacto ambiental. Los emprendedores que han permitido y acelerado este cambio, probablemente tienen una mente “loca” que les permitió ver con “anteojos multifocales” un problema y darle valor a lo que se consideraba un desperdicio carente de valor en la cadena productiva, y que como si no bastara, podría significar un pago de multa.

La conexión entre desechos y perspectivas innovadoras, es que en la medida que el productor comprenda aún más su proceso, posiblemente logre reducir sus desechos, y si reduce sus desechos, baja costos operacionales. Ahora bien, si pese a ello no es posible dejar de generar desechos y éstos pueden reconvertirse en insumos, podríamos estar hablando de algo similar a economía circular. 

Los cambios de paradigmas esenciales en estos tiempos y más aún en medio de una pandemia, facilitan el cambio de miradas, por ejemplo, viendo en los desechos una potencial materia dispuesta a ser explotable por las tecnologías existentes o bien, por una nueva tecnología. Los principales residuos relacionados con la salmonicultura están relacionados con los lodos, plásticos, residuos orgánicos, aceites e hidrocarburos. 

Las apuestas y oportunidades en este sentido miran hacia la utilización de tecnologías de precisión tanto para el tratamiento de los residuos como para su conversión. Aquí la alianza con centros de investigación privados o estatales o bien el desarrollo de investigaciones conjuntas, son factores clave que permiten la exploración de las “nuevas oportunidades”. 

En este sentido, destacan algunas investigaciones desarrolladas en búsqueda de la remediación de los desechos salmonicultores a través del uso de compuestos surfactantes obtenidos desde microorganismos antárticos, que puedan tener actividad a bajas temperaturas para el tratamiento y degradación de hidrocarburos.

Y los lodos, que, siendo fuentes ricas en nutrientes aplicables a la agricultura, son ricos también en la diversidad de microorganismos que contienen, y a partir de ellos, es factible extraer u obtener algún compuesto bioactivo que permita dar solución a problemas de la industria del salmón, como el control de patógenos, virus o parásitos a fin de evitar o disminuir el uso de compuestos químicos. 

Ambas iniciativas se encuentran en pleno proceso de desarrollo actualmente y son la punta del iceberg de lo que se puede encontrar en centros de investigación, y en particular en universidades como la de Los Lagos.

La finalidad de estas letras no es más que una invitación real a ver y analizar el vaso medio lleno en tiempos de pandemia, y a eventualmente, hacerse la pregunta: “¿y por qué no?”, cuando ya la tecnología a usar no es la limitante, ergo los residuos salmonicultores están llenos de oportunidades.