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Paula Miranda, Directora I+D+i en Acuanativa. Foto: Cedida.
Paula Miranda, Directora I+D+i en Acuanativa. Foto: Cedida.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Paula Miranda, Directora I+D+i en Acuanativa.

La acuicultura y pesquerías, representan el segundo rubro de ingresos para Chile, su sustentabilidad es relevante para los ecosistemas en los que se desarrolla y para los grupos humanos que de ellos dependen. Según el IPCC (2019), las personas que viven cerca del océano dependen directamente de sus recursos para ganarse la vida y están particularmente expuestas a los impactos y peligros del cambio climático.

En estas circunstancias, la adaptación sobreviene como una de las acciones climáticas prioritarias. La adaptación requerida, es una adaptación transformacional; esto es la necesidad de cambios fundamentales, tanto en lo privado, lo público como lo institucional, a través de procesos flexibles en la toma de decisiones para enfrentar las consecuencias del cambio climático.

Las macroalgas marinas son organismos similares a las plantas, que se adhieren a las rocas u otros sustratos en las zonas costeras. Según su pigmentación, se clasifican en tres grandes grupos, rojas, pardas y verdes. Ellas proporcionan varios servicios ecosistémicos cruciales. Tanto los bancos naturales como las biomasas en cultivo, aportan oxigenación, absorción de nutrientes, captura de gases de efecto invernadero y proporcionan hábitat y refugio para organismos marinos.

Los usos de las macroalgas a nivel de mercado, son múltiples. Son fuente de alimento humano, hidrocoloides, fertilizantes, aditivos para alimentos de animales, incluida la acuicultura, biomasa para combustible, hasta el tratamiento de aguas residuales en procesos de biorremediación. Chile destaca por ser el 9º exportador global de macroalgas. Sin embargo el mayor porcentaje de esta biomasa proviene de bancos naturales, con muy poco desarrollo de cultivos a excepción del pelillo. El crecimiento de la demanda por Macroalgas y la diversificación de mercados, se proyecta con números que sorprenden.

El tamaño del mercado mundial de algas se valoró en US$16.600 millones en 2020 y se espera que se expanda a una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 10,8 % al 2028. El principal impulso del mercado está dado por los crecientes desarrollos tecnológicos en cultivo de algas junto con crecientes inversiones en segmentos de aplicación, incluidos la alimentación animal y la agricultura. Pensar seriamente en el fomento e implementación de una acuicultura de macroalgas en Chile, parece un imperativo de cara a estas proyecciones, a las externalidades positivas que se han asociado al desarrollo de sus cultivos y la necesidad de tener mecanismos de adaptación para la acuicultura asociadas a la crisis climática.

En Chile contamos con condiciones excepcionales para poder desarrollar acuicultura de Macroalgas. Sin embargo, uno de los problemas para su desarrollo ha sido el tema de los precios. Las macroalgas provenientes de cultivo requieren de una inversión inicial, relativamente alta respecto a la biomasa de bancos naturales. Además de investigación científica, procesos de transformación y aprendizaje de las comunidades que históricamente se han dedicado a la pesca artesanal, recolección de orilla u otras actividades acuícolas.

Esta transformación requiere de una modificación en las cadenas de valor actuales de las macroalgas, del involucramiento de nuevos actores, en la producción de semillas con diversidad genética, de sistemas de cosecha, monitoreo y vigilancia sanitaria, así como inversión y escalamiento de nuevos negocios asociados a las biomasas provenientes de estos sistemas acuícolas.

Esta diversificación hacia la acuicultura de macroalgas, es algo que en otros países está avanzando de manera articulada entre las políticas públicas, instituciones de financiamiento, empresas privadas, investigadores y comunidades costeras. Chile necesita un impulso movilizador, cargado de innovación y sobre todo de una visión de largo plazo. Nosotros como Acuanativa, por ejemplo, estamos trabajando en el desarrollo de proveedores de algas, en base a cultivo, para nuestros aditivos orientados a la acuicultura de otras especies.

La idea es que este sistema de relaciones, se vuelva virtuoso y permita que las cosas se movilicen hacia una acuicultura transformacional, integrativa y capaz de desplegarse en lo local como un factor de transición hacia una economía restaurativa en torno al mar. El triple impacto (social, ambiental y económico) es posible desde la Acuicultura, ¡eso sin duda! Para que esto ocurra la acuicultura de macroalgas debe ser integrada dentro de nuestra matriz productiva. La experiencia de la acuicultura del salmón puede aportar en el desarrollo de este nuevo modelo, que viene a proponernos que avancemos hacia una acuicultura restaurativa y que como Chile país acuicola, destaquemos más allá del salmón.