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¿Qué pasaría si los alimentos ayudaran a detener el cambio climático?

Cristian Andler, socio fundador de Greenticket. Foto: Cedida.
Cristian Andler, socio fundador de Greenticket. Foto: Cedida.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Cristian Andler, socio fundador de Greenticket.

Tomamos el camino de la consultoría ambiental, con una meta súper clara: ayudar con nuestros productos y servicios a promover el desarrollo económico, proteger y restaurar los ecosistemas  y estabilizar el clima; en pocas palabras acelerar la transición a una economía baja en carbono.

Y como el tema del cambio climático ha estado en la palestra, siempre nos preguntan: ¿Cuál es la mejor forma de reducir la huella de carbono?  Y siempre respondemos, comienza con tus alimentos. Así es, ajustar tu dieta puede ser mejor que instalar paneles solares en tu casa, cambiarte a un auto eléctrico o evitar las bolsas plásticas. Y es ahí donde entra en juego la acuicultura.

A la hora de elegir proteínas, la mejor manera de reducir la huella de carbono, limitar el calentamiento global y garantizar suficiente agua limpia para todos, son las de origen marino y si son de acuicultura mejor todavía.

Ya hace varios años comenzamos midiendo la huella de CO2 en la industria acuícola. Precisamente la del salmón y los resultados nos sorprendieron: los salmónidos son una de las fuentes de proteína más sustentables a la hora de elegir tu dieta. Pero bueno, la huella de carbono es sólo uno de los tantos indicadores ambientales y sólo mide el impacto al clima, y ese tema a nivel industria lo tenemos resuelto, como lo mencionábamos el salmón tiene una baja huella de CO2. Creemos que el segundo paso es entender la cadena completa de suministro para producir un kilo de salmón.

Y  por eso nos embarcamos en la elaboración de un análisis de ciclo de vida de producto para salmones (LCA para sus siglas en ingles).

¿Qué es un LCA? El análisis del ciclo de vida consiste en evaluar cada uno de los efectos ambientales generados a lo largo de la vida del producto, vale decir, desde las fuentes de recursos  primarios (desde su “cuna”), hasta el consumo y disposición final (hasta su “tumba”). Ello permite identificar los impactos sobre los diferentes compartimentos ambientales más allá de los límites de la planta o actividad productiva. Dichos impactos inducidos pueden, en muchos casos, ser de mayor relevancia que aquellos ocasionados directamente por el proceso de manufactura del producto. En conclusión, medir todos los impactos desde la ova, hasta que algún cliente en alguna parte del mundo se coma una porción de salmón chileno.

Entender el ciclo completo de producción nos permite poder gestionar los impactos de manera holística, y en el caso del salmón, tenemos que sumar a toda la cadena de suministro, ya que más del 70% del impacto no ocurre dentro de la empresa productora.

Bueno y el resultado nuevamente nos sorprende. Para poder explicarlos, comparamos los impactos ambientales potenciales del salmón Atlántico y la carne de vacuno convencional. Estos son los números por kilogramo de producto congelado listo para consumir. En comparación con la carne convencional de ganado, el salmón reduce los impactos ambientales en todas las categorías de impacto estudiadas: 81% menos de agua, 95% menos de uso de la tierra, 84% menos de emisiones de GEI y 95% menos de contaminantes acuáticos. 

Es por eso creemos que la industria salmonicultora esta en buen camino y efectivamente, es unos de los alimentos que pueden ayudar a detener el cambio climático.