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Acuicultura oceánica: una transformación desafiante para la salmonicultura chilena

Carlos Wurmann, Ingeniero Civil Industrial, M.Sc. Economía, Consultor Internacional en Acuicultura y Pesca. Foto: Cedida.
Carlos Wurmann, Ingeniero Civil Industrial, M.Sc. Economía, Consultor Internacional en Acuicultura y Pesca. Foto: Cedida.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Carlos Wurmann, Ingeniero Civil Industrial, M.Sc. Economía, Consultor Internacional en Acuicultura y Pesca.

Hasta ahora, el borde costero concentra las principales actividades de engorda de salmón en todo el mundo, pero este ya no será el caso en la segunda parte de esta década: la fase marina del cultivo se desarrollará crecientemente tanto en sistemas de recirculación en tierra, como -probablemente en mayor medida- en instalaciones flotantes fijas o con capacidad de desplazamiento, en zonas oceánicas expuestas.

Este cambio responde a la necesidad de abordar la competencia creciente por el uso del borde costero con otros usuarios; de aminorar efectos ambientales y sanitarios indeseables; de enfrentar el fuerte encarecimiento de las concesiones marinas, y a la incapacidad estatal para generar una distribución espacial del entorno marino que garantice acceso oportuno, sostenible y equitativo a los cultivos.

La fase de hipótesis ya está dando paso a realidades indesmentibles de cambio tecnológico, estratégico y de mercado sin paralelo en los últimos 40 años…. Y puede indicarse que desde fines de esta década la acuicultura marina de gran escala -a la que se aplicará principalmente el cultivo oceánico en lo inmediato- nunca volverá a ser lo que fue y lo que actualmente es. Luego, en años del 2030 y tras progresivas mejoras tecnológicas y de eficiencia económica, se incorporarán a estas prácticas cultivos a escalas menores.

Podrá discutirse si el cambio se producirá años antes o después, pero es indesmentible que éste ya  llegó, evoluciona aceleradamente y emergerá con una fuerza que desafiará a nuestra industria salmonera  local, la segunda mayor del globo, tanto como a otros países productores e importadores, que podrán intentar cultivar salmónidos en sus propias tierras, bajo recirculación, o bien, en áreas oceánicas frente a sus costas, con posibles efectos devastadores sobre nuestra industria y su capacidad exportadora.

Por cierto y a futuro, el salmón también se venderá en otros destinos y crecientemente en el mundo en desarrollo, pero es muy probable que muchos de los principales compradores de salmón chileno cultivarán esta especie en su propio territorio o en sus zonas oceánicas vecinas, disminuyendo sus compras desde nuestro país, salvo que nos incorporemos con energía al proceso de cambio tecnológico, y alcancemos los niveles de eficiencia requeridos para seguir siendo competitivos.

Esta alarma se viene enunciando desde hace más de 15 años, y sólo recientemente, mediante iniciativas Corfo, y un todavía tibio apoyo empresarial, Chile comienza a explorar el nuevo desafío del cultivo oceánico. Sin embargo, este esfuerzo es insuficiente y sólo compromete a un restringido número de cultivadores nacionales con adecuada visión de futuro… ¡Craso error! El desafío es mayúsculo, y no acepta dilaciones.  Hay que enfrentar estos retos de efecto futuro ahora, y con la intensidad requerida.

Es inadmisible que la industria no reaccione y deje al Estado la solución de estos problemas. El sector empresarial debe invertir en su proyección y sostenibilidad futura, financiando el estudio, desarrollo y la aplicación de alternativas competitivas, y el diseño y uso de tecnologías para cultivos oceánicos, formando un fondo de innovación que pueda destinar desde ya un 0,3% a 0,5% del valor exportado por al menos 10 años. Ante esta iniciativa el Estado podrá cooperar en estos esfuerzos, como lo ha hecho en el pasado y lo hace actualmente. Los productores sectoriales y la industria conexa tienen un compromiso con el futuro y con el país: deben comprometerse a buscar los mecanismos que garanticen su viabilidad y sustentabilidad de largo plazo.

Noruega lidera ahora estos desarrollos, estudiando soluciones e invirtiendo enormes sumas públicas y privadas. Como el mercado del salmón es amplio y creciente, y el cultivo oceánico se aplicará en múltiples especies y regiones, podrá intentarse esfuerzos exploratorios conjuntos  chileno-noruegos en estas materias, y si esto no fuera viable, debería gestionarse asociaciones alternativas.

En verdad, claramente nos falta iniciativa, voluntad y liderazgo. La industria como un todo debe abandonar posiciones contemplativas, y asumir actitudes enérgicas y focalizadas para enfrentar estas urgencias…. El reloj avanza, y preocupa que estas materias no hayan sensibilizado suficientemente  a autoridades y  productores… Celebro entonces el quehacer de Corfo junto a un visionario grupo de empresarios, que aunque insuficiente todavía, intenta explorar los lineamientos tecnológicos, económicos y de sustentabilidad para la salmonicultura chilena de un futuro que ya nos invade, y del que debemos hacernos cargo frontalmente y con visión-país.

La salmonicultura nacional no sólo debe preocuparse de beneficios apropiables en el corto plazo. Ella también tiene la responsabilidad social de proyectarse sosteniblemente al futuro, pues de esta industria dependen miles de familias, y un país entero espera expectante su contribución creciente al desarrollo regional y nacional.