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Eduardo Wallach, CEO y Partner de Kura Biotech, MSc Stanford University. Foto: Cedida.
Eduardo Wallach, CEO y Partner de Kura Biotech, MSc Stanford University. Foto: Cedida.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Eduardo Wallach, CEO y Partner de Kura Biotech, MSc Stanford University.

Los gringos tienen la particularidad de crear palabras para todo, lo que si bien puede parecer anecdótico, oculta un profundo valor. El lenguaje construye realidad. Google traduce “Intrapreneurship” como “intraemprendimiento”, un término que nunca he escuchado en la vida real, pero que considero de revelador entender.

En las últimas semanas, los emprendimientos de alto impacto se han tomado la agenda en Chile, desde las reuniones con candidatos, hasta los flamantes nuevos unicornios, pareciera ser que el emprendimiento se tomó Chile por asalto.

Esto también se conecta con el lenguaje. Durante mucho tiempo, los dueños de empresas se conocían únicamente como “Empresarios”, quienes para comodidad de muchos, comenzaron a encarnar una infinidad de características negativas y eran culpables de muchos de nuestros males.

En contraste, comenzamos a acuñar un término nuevo, los “Emprendedores”, quienes de alguna forma encarnaron los elementos positivos de los Empresarios pero casi ninguno de los negativos, a pesar de que no existe una diferenciación objetiva entre ambos.

Mientras acrecentamos esta diferencia subjetiva entre Empresarios y Emprendedores, dejamos en segundo plano una mucho más relevante y para nada subjetiva, la fuente de creación de valor de la empresa, que comúnmente se divide entre la extracción de recursos naturales y el desarrollo de conocimiento basado en la ciencia y tecnología.

De igual modo que con los empresarios, hemos demonizado las industrias basadas en la extracción de recursos naturales, como si fueran un “error” en nuestro camino virtuoso hacia el desarrollo. Sin embargo, la realidad es que ningún país ha llegado al desarrollo sin haber pasado por un periodo de menor creación de valor agregado. Por lo tanto, más que crucificar a estas industrias, debemos preguntarnos cómo ayudarlas a evolucionar a la siguiente etapa, desafío donde el “Intrapreneurship” tiene bastante que proponernos.

Si bien es cierto que estas industrias muchas veces generan externalidad negativas que deben tomarse en cuenta, la realidad es que también generan enormes desafíos hacia adentro. Las empresas extractivistas venden, en términos generales, productos de bajo valor agregado, conocidos como Commodities. Los commodities, al tener baja diferenciación, se rige principalmente por precios determinados internacionalmente, y por tanto la rentabilidad y viabilidad de la empresa, está constantemente desafiada por elementos externos, que escapan a su control.

Al mismo tiempo, al no venir el valor mayoritariamente del conocimiento, existe una capacidad limitada para que los trabajadores sean quienes ejecutan esta creación de valor. Esto genera una gran barrera para la empresa, ya que le hace mucho más difícil mejorar la retribución al trabajador por su trabajo. Un buen ejemplo es la minería, donde los bonos suben y bajan según se comporte el precio del metal y no el aporte de cada uno.

¿Cómo podemos transformar este aparente círculo vicioso en un virtuoso? Miremos un poco a estos emprendimientos que han sacudido el escenario empresarial chileno. ¿Qué tienen en común NotCo, Crystal Lagoons, Corner Shop y muchos otros? Básicamente, que en lugar de hacer lo mismo, pero de forma un poco mejor o más eficiente, tuvieron la visión de resolver un problema existente de una manera completamente nueva. Esto, complementado con la confianza de que, si aplicaban talento, pasión y tecnología, descubrirían una manera superior a la de quienes llevaban mucho más tiempo o tenían muchos más recursos.

Pero existe un elemento adicional que es crítico para el éxito de todo emprendimiento de alto impacto, la motivación. Gran parte de estos emprendedores se levantan cada día sabiendo que su proyecto se debate entre el infierno y la gloria, matar o morir, y es imposible desconocer la energía y creatividad que nace de esa combinación de emociones extremas.

Sin embargo, hay algo que comúnmente le falta a estos emprendedores: recursos. A diferencia de lo que algunos pueden creer, no es hasta sino muy avanzada etapa, cuando muchos problemas ya han sido resueltos, que los emprendimientos reciben las fuertes inyecciones de capital que logran titulares.

Acá es donde el Intrapreneurship nos propone algo interesante, ya que consiste justamente en tomar todos los elementos principales del Emprendimiento y llevarlos al interior de la empresa, convirtiéndolas en verdaderas incubadoras de conocimiento y creación de valor.

Esta idea no es nueva, sin embargo son pocos los casos realmente exitosos. El problema comúnmente, no está en la idea, sino en la ejecución.

Normalmente, abordamos este desafío de la manera acostumbrada. Lo primero, es traer a un Gerente de Innovación, quien se encargará de desarrollar Nuevos Negocios. Este Gerente, que muchas veces viene de ocupar cargos gerenciales tradicionales, lo contratamos con una estructura de remuneración tradicional: sueldo líquido, bono por desempeño y beneficios. A continuación, le decimos que hasta que no demuestre que puede crear valor, no tendrá gente a cargo y deberá usar recursos de otras áreas. Por último, aprovechamos tomar una serie de proyectos cachos (el nuevo ERP, el Balance Scorecard y un nuevo cliente que estamos desarrollando fuera de Chile) y le decimos que esos también serán su responsabilidad, hasta que esté “realmente” ocupado con los nuevos negocios.

¿Creen que esto se parece a lo que vivieron Jeff Bezos, Larry Page o Howard Schultz cuando empezaron sus empresas? Obviamente que no.

No existe una receta para el éxito, pero mi invitación es hacer lo completamente opuesto. 

Definir algunos posibles problemas a resolver, reclutar a alguien talentoso, idealmente del mundo emprendedor y si tiene un fracaso a cuesta mejor, ofrecerle una compensación altamente variable asociada al éxito, con dedicación exclusiva y la posibilidad de armar un equipo.

Las empresas deben verse como grandes plataformas de emprendimiento interno, donde además de los recursos, pongan todos su activos a disposición (material, humana y relacional). Es muy posible que la mayoría de los proyectos no vean la luz, pero es imposible que cada uno no se convierta en un faro de aprendizaje.