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José Miguel Burgos, exdirector nacional de Sernapesca, actual investigador de la Universidad de Chile y consultor en Acuiestudios. Foto: Salmonexpert.
José Miguel Burgos, exdirector nacional de Sernapesca, actual investigador de la Universidad de Chile y consultor en Acuiestudios. Foto: Salmonexpert.

*Columna de opinión para Salmonexpert de José Miguel Burgos, exdirector nacional de Sernapesca, actual investigador de la Universidad de Chile y consultor en Acuiestudios.

Desde hace un tiempo y por este mismo medio, se ha planteado la discusión sobre si la regulación sanitaria que rige a las producciones de salmónidos en agua dulce es suficiente o no. En efecto, debemos recordar que las grandes modificaciones legales y reglamentarias ocurrieron tras la crisis causada por la aparición del virus ISA.

Para la acuicultura de especies anádromas como los salmónidos, las primeras etapas de desarrollo son fundamentales para el buen éxito de esta producción animal. Es en esta fase cuando ocurren los fenómenos de reproducción, desarrollo y la preparación fisiológica para la adaptación a la vida marina futura.

Pues bien, resulta relevante destacar la asimetría de información -tanto ambiental como sanitaria- entre la producción marina y la que se realiza en agua dulce, lo que constituye un primer indicador de la disímil relevancia que se le otorga a cada uno de estos procesos. 

Por ello, es necesario mejorar la disposición y análisis de la información de la situación ambiental y sanitaria en la fase de agua dulce, pudiendo reforzarse la información de carácter epidemiológico, de uso de medicamentos veterinarios, uso de vacunas, el análisis del screening de reproductores y otros relacionados con el comportamiento ambiental de la salmonicultura dulceacuícola. Lo anterior incluso pudiera enmarcarse dentro de la obligación que la propia Ley General de Pesca y Acuicultura de evaluar cada cinco años las medidas de administración adoptadas por la autoridad.

Uno de los aspectos de mayor avance en relación con la normativa anterior a la crisis del ISAV, es el proceso de chequeo de los reproductores, medida que se ha mantenido y al parecer, resulta efectiva. Sin embargo, se requiere revisar, analizar y transparentar los resultados de esta medida, mediante informes anuales que indiquen -entre otras cosas- la prevalencia de las enfermedades pesquisadas y así mejorar la toma de decisiones.  

Otro aspecto que resulta factible de mejorar y sobre el cual ya se está trabajando es mejorar la recolección de datos sobre la prevalencia de las principales enfermedades de agua dulce, de modo de también poder conocer su evolución por zonas o áreas y así poder mejorar su control.  Es importante avanzar en el manejo de las enfermedades de acuerdo con las características epidemiológicas de ésta y sus impactos económicos o en los ecosistemas. Contar con un informe semestral de los centros de agua dulce, en forma similar a lo que se hace con los centros marinos, será de gran importancia.

También hay que destacar el avance que ha presentado Sernapesca en su informe anual de uso de antimicrobianos en la salmonicultura, especialmente por la información proveniente de la fase de agua dulce, como así también el avance en el programa de vigilancia de la resistencia de los agentes patógenos a los antimicrobianos de uso habitual en la salmonicultura nacional desarrollado por IFOP, que recientemente ha incorporado en su monitoreo a agentes patógenos característicos en infecciones en la fase de producción en agua dulce.

Uno de los temas pendientes que se encuentran mandatados por la propia reglamentación sanitaria chilena, es la elaboración del programa sanitario general de procedimiento para determinar la calidad de smolt, regulación muy compleja de estandarizar y que probablemente requeriría un cambio de enfoque. 

También se hace necesario extender el alcance a buenas prácticas en el transporte de los peces ya esmoltificados, que en ocasiones deben ser trasportados por largas distancias, para lo cual sería muy importante considerar lo señalado en el Código Sanitario para los Animales Acuáticos (OIE), relacionados con el bienestar de los peces de cultivo durante el transporte.

Finalmente, se requiere avanzar -no sólo en la fase de agua dulce- en mejorar la regulación que facilite los procesos de economía circular, como por ejemplo material de empaque (cajas), redes y subproductos, así como promulgar finalmente el reglamento de lodos para las pisciculturas.