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Dr. Rubén Avendaño, investigador principal del Incar y profesor titular de la Universidad Andrés Bello. Foto: Rubén Avendaño.
Dr. Rubén Avendaño, investigador principal del Incar y profesor titular de la Universidad Andrés Bello. Foto: Rubén Avendaño.

*Columna de opinión para Salmonexpert del Dr. Rubén Avendaño, investigador principal del Incar y profesor titular de la Universidad Andrés Bello.

Ciertamente, el problema de Piscirickettsia salmonis radica principalmente en el desconocimiento de gran parte de la biología celular y molecular de la bacteria y por lo tanto no es posible vislumbrar su comportamiento patogénico. Por tanto, toda discusión y desarrollo de productos anti-P. salmonis deben sustentarse con la mayor información científica posible, de modo que las afirmaciones o posiciones se hagan en base a un debate sustentado en datos concretos. Un buen ejemplo sobre el aporte de la ciencia es el cambio en la forma de cultivar P. salmonis, ya que en la actualidad nadie cuestiona la factibilidad de cultivar la bacteria en medios de cultivos microbiológicos sólidos y líquidos, lo que por más de veinte años fue una completa utopía. Así, la bacteria no sólo sufrió cambios en su clasificación microbiológica, pasando de un patógeno intracelular obligado a facultativo, sino que permitió diversos estudios, destacando el análisis del genoma (facilidad de extraer el material genómico libres de célula eucarionte) y estudios de susceptibilidad in vitro a antimicrobianos, entre muchos otros.  

Precisamente, si revisamos la literatura, es a partir del año 2008 con la aparición de las distintas versiones de los medios de cultivos cuando comienza una avalancha de literatura científica con hallazgos y reportes que eran impensados cuando los pioneros en el estudio de P. salmonis la aislaron. Por ejemplo, hoy conocemos que la bacteria requiere para su crecimiento de hierro y de cisteína, lo que fue un indicio para demostrar que el patógeno posee la capacidad de producir sideróforos, empleando también otros mecanismos de captación para este importante elemento desde el pez. Ciertamente, este conocimiento ha sido empleado por empresas productoras de alimento para desarrollar nuevas formulaciones que limitan el crecimiento de la bacteria en los peces. Otro ejemplo que denotar es respecto de su tamaño, donde en 2008 se describió que la bacteria puede tener variantes de tamaños menores a 0,2 μm, incluso algunos investigadores pensaron en que se trataba de una nueva especie bacteriana. Hoy, basados en el desarrollo tecnológico, conocemos que P. salmonis produce vesículas de membrana externa (OMVs) de tamaños similares a los descritos previamente, los cuales acarrean una serie de proteínas, algunas implicadas netamente en virulencia, por lo que se postula que éstas tienen un rol importante en el proceso infectivo inicial y en la diseminación de la enfermedad en el huésped.

Actualmente, este factor de virulencia está siendo considerado como un blanco terapéutico para la generación de nuevos productos biológicos y químicos para la prevención y control de la piscirickettsiosis. Un tercer ejemplo, que tal vez, si se hiciera una encuesta sería el hallazgo con más reconocimiento popular, tiene relación con la obtención del genoma de diferentes aislados de campo de P. salmonis, lo que ha demostrado la presencia de diferentes genes asociados a virulencia, entre los que se pueden destacar el Sistema de Secreción Tipo IV Dot/Icm y el Sistema de secreción Tipo VI, los que podrían estar involucrados directamente en la patogénesis y multiplicación intracelular como se ha reportado para otros patógenos como Legionella pneumophila y Francisella tularensis.

Es sorprendente que el reporte del genoma de P. salmonis no concluyó las investigaciones en P. salmonis sino que abrió una puerta a las más diversas preguntas y pareciera que aunque han pasado 30 años desde su primer aislamiento, estamos nuevamente en una nebulosa. Tal es el caso del reciente descubrimiento con herramientas de MLST del concepto de híbrido en siete aislados de P. salmonis, los cuales se recuperaron partir de salmón Atlántico (cuatro aislados) y trucha arcoíris (tres aislados) en los años 2009, 2013 y 2015. Surgen entonces las más innumerables preguntas, que pueden ir desde aspectos prácticos como si los fracasos terapéuticos son debido a esta diversidad genotípica y la aparición del híbrido y/o preguntas más complejas como si estamos siendo testigos de la evolución de P. salmonis y prontamente tendremos que reconocer la existencia de una nueva especie bacteriana. Esta hipotética situación nos plantea no sólo un desafío biológico sino también regulatorio y es un debate que deberíamos comenzar a vislumbrar.

De hecho, esta investigación que nos llevó casi cuatro años, reporta no sólo la existencia de híbridos, sino también de otros dos grupos similares a los conocidos grupos, genogrupos, tipos, genotipos, variedades, genovariedades, o la terminología que cada investigador considere válida, pero que popularmente se reconocen como LF-89 y EM-90. Actualmente, como parte del equipo de investigación que reporta la existencia de híbridos en P. salmonis estamos expectantes a los resultados que pueda presentar el Dr. Jörg Overmann en la colaboración existente con investigadores chilenos, quien se encuentra finalizando el análisis de más de 44 genomas de P. salmonis. Ello debido a que, en el avance de resultados presentados en el año 2018, demostró la existencia de una mayor diversidad genómica distinta de LF-89 y EM-90, lo que es consistente con las investigaciones obtenidas por nosotros mediante MLST. Por tanto, aún existen numerosas preguntas cruciales que no han sido respondidas en P. salmonis y que deben ser metódicamente resueltas, con los plazos de tiempo que el proceso de investigación requiere.

En este contexto, se valora el financiamiento de $12.000 millones totales realizado por el Fondo de Inversión Estratégica (FIE) en conjunto con Intesal a distintos tipos de proyectos, dentro de los cuales $500 millones se destinaron al proyecto del ciclo de vida de P. salmonis. Evidentemente, invertir en ciencia y tecnología es primordial para avanzar en la generación de conocimiento científico de calidad y así contribuir directa o indirectamente a establecer soluciones tecnológicas público y/o privadas que permitan prevenir y controlar la piscirickettsiosis. En la actualidad, la gran mayoría de los proyectos  financiados por FIE han finalizado y nuevamente se requiere recordar que el proceso de investigación biológica toma tiempo, por lo que los actores productivos, los entes reguladores y financieros deben aterrizar sus expectativas, ya que P. salmonis es una caja de sorpresas y nos estamos enfrentando a un patógeno que día a día se revela.