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Sebastián Escobar, profesor de Acuicultura del departamento de Ciencias Animales de la Facultad de Agronomía en Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Sebastián Escobar, profesor de Acuicultura del departamento de Ciencias Animales de la Facultad de Agronomía en Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Sebastián Escobar, profesor de Acuicultura del departamento de Ciencias Animales de la Facultad de Agronomía en Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Ya han transcurrido varias semanas desde los primeros reportes emanados por Sernapesca sobre el florecimiento -simultáneo- de algas nocivas en dos regiones del sur de Chile, los cuales han impactado enormemente a la industria salmonicultora. Los primeros reportes dieron cuenta de la presencia de la microalga Heterosigma akashiwo en seis centros de cultivos en la región de Los Lagos, y a las diatomeas marinas Leptocylindrus danicus y Leptocylindrus minimus en siete centros de cultivo de Aysén.  

A la fecha, y según los reportes oficiales de Sernapesca, se han reportado más de 6.000 toneladas de mortalidad de salmónidos, habiendo sido retirada la totalidad de peces en la región de Los Lagos y sobre el 95% en Aysén, en una escala muy menor a lo registrado en un evento similar de floración de algas nocivas (FAN) el año 2016.

Ante este evento, y cabe mencionarlo, las empresas salmonicultoras se han visto perjudicadas, y una enorme preocupación se ha observado no sólo en la industria, sino en ecologistas, comunica científica, legisladores y ciudadanía.  

Hoy en día sabemos que la actividad salmonicultora (producción y/o engorda) por sí misma no pudo haber gatillado este desastre ambiental, sino que se conjugaron muchos factores ambientales que desencadenaron en una tormenta perfecta, para que pequeños microorganismos encontraran las condiciones ideales para su máxima propagación en el mar del sur de nuestro país.

En el caso de la región de los Lagos, y particularmente en el fiordo Comau, su impacto económico y social han sido tremendos. La noticia de una gran marea café (color que acompaña este florecimiento por los pigmentos de estos organismos) ha rebrotado nuevamente la enemistad entre la industria acuícola y la ciudadanía. Desde el punto vista del ecosistema, el fiordo de Comau posee una diversidad única y, por tanto, desconocemos el impacto que esto puede ocasionar en los bancos de corales de agua fría más importantes del planeta que se ubican precisamente en este lugar, así como también en peces nativos de la zona.

Es interesante destacar que diversos estudios científicos y técnicos habían identificado al Fiordo de Comau como un lugar altamente saturado en su producción (Centro Interdisciplinario para la Investigación Acuícola Incar), de hecho, desde el año 2020 se propone abordar la industria acuícola y su producción con un enfoque ecosistémico que incorpora análisis de riesgo, donde el componente climático y una gran producción o biomasa acumulada se consideran como una amenaza real al sistema.

Si bien las autoridades nacionales han podido contrarrestar y fiscalizar las diferentes tareas de manejo y retiro de mortalidad es imperioso repensar nuevamente estos lugares (saturados) donde eventos naturales como los ocurridos en este otoño seguirán repitiéndose. Mas aún cuando se cuenta con mapas de riesgo disponibles frente a fenómenos FAN para salmonicultura.  

Ante todo lo ocurrido estas semanas, podemos mencionar que los planes de acción y protocolos de remoción de mortalidad y su traslado se han hecho adecuadamente, pero sigue presente en la ciudadanía el malestar sobre la industria del salmón. Esto resulta en que se siga perpetuando su mala reputación, a pesar de todas las mejoras que se han implementado en la industria durante los últimos años (profilaxis, cuidado animal, inversión de tecnología). Por lo tanto, considerar las disminuciones de carga de biomasa en estos lugares con un alto índice de vulnerabilidad a crisis ambientales es prioritario hoy en día, donde incluso evaluar el congelamiento momentáneo de estas concesiones por parte de la industria resulta una medida adecuada.

En resumen, podríamos mencionar que lo ocurrido a comienzos de mes es el resultado de condiciones ambientales extremas en el sur de Chile. Las que podríamos enumerar como ausencia de precipitaciones, altas temperaturas, alta radiación de rayos UV y una alta cantidad de nutrientes que hicieron de esto un fertilizante ideal para el crecimiento explosivo de microalgas, pero donde hoy además contamos con antecedentes científicos para mitigar su impacto.